Saturday, October 06, 2007

Libros como este...

... son los que les dan ganas a uno de ceder los trastos. El rastro, de Ramón Gómez de la Serna, no es otra cosa que una descripción desplegada en libro, un procesar continuo de la realidad por el doble filtro de una mirada y un lenguaje personalísimos, que empieza en un punto y acaba en otro por pura necesidad convencional pero podía prolongarse indefinidamente en ambos sentidos. Sorprende, por lo bien hecho que está, que lo escribiese el autor a los 23 años, y sobre eso escribe Trapiello en el prólogo cosas muy puestas en razón. A los efectos de este comentario el dato sólo añade pasmo a la envidia reconcentrada de este no escritor que no teniendo qué narrar ha puesto su afán más empeñado en describir partes del mundo.

Corto por un punto cualquiera la cinta que va pasando, ininterrumpidamente tachonada de luces:

Muebles requetedorados: con ese dorado de un brillo imitativo, terroso, falso, insoportable, encubridor, causante de algo así como el mal de ojo… ¡Y junto a ellos la intención de estos revendedores rebosa de ese oro chanchallero y lentamente, con esa lujuria obcecada de los espontáneos pintores de muebles, locos con su gran brocha y su gran porte, seguirán dando hasta el delirio una mano de oro a todo, consiguiendo que no se vea nada de lo que encubren así, cegada la vista, repugnada, arredrada ante la indignidad irreparable de ese oro obscuro y guarro… ¡Oh, el amaneramiento de color, el rebuscamiento repugnante del oro mate de estos pintores!

Lo que daría uno por enfilar así ristras de cinco adjetivos; la opulencia, el disponer sobrado de los recursos y a la vez la precisión (porque no es acumular por acumular, sino que ese brillo es imitativo y es terroso y es falso y es insoportable y encubridor); y el quiebro en lentamente, que uno espera un segundo adjetivo tras chanchallero y en cambio la frase se disloca hacia un verbo que tarda dos líneas en asomar: sintaxis quebrada y nerviosa pero siempre correctísima por don superior de oído; y la eficacia (por colocación, por saberlo reservar y no gastarlo) del vocablo vulgar, agresivo, insustituible para acabar de repudiar ese oro que es guarro antes que ninguna otra cosa. Y además, oh dioses de la retórica, la libertad que hemos perdido, tan pudorositos los prosistas modernos, de exclamar cuando se nos venga en gana un ¡Oh! y quedarnos tan panchos.

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1 Comments:

Blogger ANA DE LA ROBLA said...

Con toda razón incluyes a RGS en tu catálogo de envidias. Una manera de escribir que ya es sólo pura arqueología -gozosa, por supuesto-. Un saludo.

7:04 PM  

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