Sunday, September 09, 2007

A vueltas con la moral

En una deslavazada discusión sobre esa nueva asignatura que a algunos preocupa tanto se ha visto necesario deslindar la moral pública (pretendidamente compartida) de las morales privadas, y en ese deslinde me he dado cuenta de que, saliéndome ya del tema, encuentro necesario afinar.

La moral pública, por su lado, parece que se deja delimitar bien. Es la que atañe a los actos que afectan al común. Entran en este bloque las obligaciones cívicas, el respeto a las leyes, el pago de impuestos... y los casos en que, aun interesando sólo a sujetos privados, se lesionan derechos.

Serían de moral privada los asuntos que se dirimen entre individuos y en los que, al no lesionarse derechos, la sociedad en conjunto no tendría por qué entrometerse. Una mujer que engaña a su marido, un padre que arbitrariamente privilegia a unos hijos frente a otros, un amigo que traiciona una confidencia… nos merecen normalmente un juicio moral negativo, pero sería disparatado pretender que la ley los persiguiera o que la sociedad en general los castigara.

Habrá franjas de duda entre ambos, sobre las que se podrá litigar interminablemente (¿es privado o público el aborto?), pero el concepto común a todos, la regla de oro es que está mal lo que daña a otros.

Ahora bien, hay otros asuntos más privados aún que sólo atañen a cada uno. Y la pregunta es, ¿son, pueden ser objeto de juicio moral? Una persona puede dedicar su vida al placer o al estudio, esforzarse día a día en mejorar o dejar pasar los días en serena contemplación, trabajar su cuerpo hasta convertirlo en una máquina de eficiencia máxima, drogarse hasta las cejas, practicar un régimen estrictamente vegetariano, ceñirse escrupulosamente al código de honor del Club de los Alces, ponerse metas y no hacer nada por alcanzarlas, poner todo su afán en los avatares de un equipo de fútbol, comportarse de manera que el daño causado por su vida al medio ambiente sea mínimo…

¿Podemos juzgar sobre votos privados, prácticas sexuales o afanes de aparentar? La respuesta correcta es que no, que allá cada cual. Y sin embargo, todos tenemos algo que decir sobre los demás: que tire la primera piedra quien nunca haya tirado una piedra. A mí me parece inaudito que a los cristianos les importe con quién y cómo folla uno, pero lo cierto es que no me faltan opiniones análogas (si bien no tan vehementes y empeñadas): me parece lamentable que haya quien no lea nunca un libro, encuentro estúpido el culto al cuerpo o la histeria por la alimentación y considero que una vida dedicada al consumo de heroína es un triste desperdicio. Lo de menos es que haya derecho o no a imponer esos juicios (que no, que claro que no) o a expresarlos (que es cuestión de educación y respeto). Lo que importa es que esos juicios se dan.

¿Hay entonces una moral que va más allá de las relaciones entre sujetos? ¿hay un criterio moral distinto del daño causado a otros? La cabeza me dice que no, y sin embargo…

6 Comments:

Anonymous Sirwood said...

Otra cuestión de enjundia: ¿Es feliz Lopera? ¿No lo es?

1:09 PM  
Blogger Ignacio said...

¡¡Juaaaaaaaaaaaa!!

Los hay cabrones, cabronazos y luego está Sirwood cuando hace de pinchaglobos.

11:32 AM  
Blogger it said...

A los cristianos como a mi vecina, la de los siete perros que tira colillas bajo mi ventana y cuyo culto desconozco.... si son nacidos en España.... tendrán un interés desmedido por saber cuánto y con quien folla Ud.
Va con el sentido del terruño, créame.

Otrosí: Un buen escritor y aún así amigo mío suele decir "quien no tenga piedras tire la primera culpa".

Pero, al lado de lo Lopera... la moral es un asunto de lo más secundario....

11:46 AM  
Blogger Ignacio said...

Un distingo: cuando uso (con no la suficiente precisión, admitamos) el verbo importar quiero referirme a que les merezca un juicio, no meramente a que les interese; lo segundo no es otra cosa que indicio de una mente sana e inquieta.

Mi máxima, a la que me atengo escrupulosamente, siempre ha sido: cotillear, siempre; juzgar, jamás.

1:27 PM  
Anonymous sirwood said...

Este tipo de profundidades es mejor discutirlas con un gintonic en la mano (y más de uno en el cuerpo). Lástima que viva usted tan lejos.

Nota: Obsérvese la elegancia de escribir gintonic sin guión separador.

6:38 PM  
Blogger Francisco Sianes said...

Ignacio,

Creo que el desenfoque del artículo proviene de una confusión bastante común: postular como "exclusivamente individuales" algunos actos que tienen siempre un componente "social". Me explico.

El hecho de que mi hermana se acueste gozosamente con todo bicho viviente es, faltaría más, algo que pertenece a su inviolable intimidad. Pero esto no quiere decir que sea un acto aislado de la sociedad. Porque SÍ afecta a los demás. Por eso merece el "juicio" de algunos.

Puede afectar de muchas maneras. Pongo un par de ejemplos. Para la reprimida, la fogosa vida sexual de mi hermana es un permanente recordatorio de lo que se está perdiendo con su represión. "Si no gozo yo, que no goce nadie", se dirá. Para el puritano, mi hermana es un ejemplo pernicioso para los demás (el puritano sabe, como todos, que somos imitadores compulsivos); porque, según su juicio, una sociedad descocada es peligrosa. Etc.

No estoy defendiendo, claro, a los que se meten en las intimidades ajenas a dictar sentencias sumarísimas. Intento hacer ver que nuestros actos más íntimos afectan a otros de forma sutil.

Un último ejemplo: que alguien se drogue es cuestión personal. Pero nos importa; y no sólo en el sentido de interesarnos o movernos al cotilleo. Nos merece un juicio. ¿Por qué? En primer lugar, porque esa drogadicción casi siempre tiene consecuencias para los demás (el juicio al dorgadicto nace aquí de la aprensión): en forma de delitos, irresponsabilidades, dolor de los allegados, etc. Pero incluso en el caso de que supiéramos a ciencia cierta que esa drogadicción no va a afectar en absoluto a terceros, el hecho nos importa (más allá del cotilleo) porque los demás nos preocupan: por solidaridad, compasión o empatía (el juicio es aquí reflejo de una preocupación: "¿Será inconsciente, el pobre?", nos decimos).

Imaginar un mundo poblado de actos íntimos que afectan exclusivamente a los ejecutantes como si pudieran trazar un círculo excluyente a su alrededor es, creo, erróneo.

Con esto -una vez más- no defiendo la instromisión en la intimidad: intento buscar su fundamento.

Un cordial saludo.

11:57 PM  

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