Saturday, August 25, 2007

El mal contemporáneo

Los prosistas de mi generación, piensa el no escritor, hemos aprendido tan concienzudamente a evitar lo enfático que corremos el riesgo de quedarnos secos.

(Aunque no yo, se dice en seguida, ya me gustaría, a mí todavía me sobra grasa sentimental de que desprenderme. Claro que pensándolo bien, se responde, eso es lo que dicen todas las anoréxicas).

2 Comments:

Blogger E. G-Máiquez said...

Cien por cien de acuerdo con tu diagnóstico. Muy agudo.

2:01 AM  
Blogger Francisco Sianes said...

No hay nada que hacer...

Imposible leer una obra contemporánea que trate ciertos temas, sin encontrar al autor protegido de la "candidez" y el sentimiento de "ridículo" bajo la ironía permanente y la distanciadora mueca sardónica.

La mayoría de los "sofisticados" autores contemporáneos me recuerdan a esos adolescentes (¿todos?) que impostan una granítica gelidez ante aquello que, precisamente, más hondo les toca.

Infelizmente, la disfunción deshace el órgano: de tal forma que cualquier efusión sentimental -por pertinente que sea- se nos antoja, literalmente, "de otro mundo".

Entre los más grandes, Lobo Antunes y J.M. Coetzee son de los pocos que se atreven a permitirse esos "excesos". A la luz de estos monstruos, la asustadiza mordacidad de escritores como Martin Amis o Thomas Pynchon resulta aun más fría y más inhabitable.

(Dicho esto: pocas cosas más sonrojantes que la "sentimentalidad impostada")

Un saludo.

7:20 PM  

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