Sunday, June 03, 2007

Eufonía

Me está llevando mucho tiempo leer The Sea, de John Banville, y no es porque no me guste, al contrario. Es una historia hermosa y triste (una de esas miradas al pasado desde un presente de pérdida y acabamiento, con la peculiaridad de que el espacio de la memoria es uno de esos tristísimos pueblos de playa del sur de Inglaterra, y lejos de resplandecer con la luz de los paraísos perdidos nos resulta igual de pálido y casi tan desolado) maravillosamente escrita en un inglés minucioso y de larga respiración, lleno de ritmos internos, trazado con una línea melódica ininterrumpida.

He dado en leerlo a breves sorbos de una o dos páginas, en voz alta, no sólo por mejorar mis consonantes obstinadamente andaluzas (qué diferencia, señor, entre la voz que suena en mi cerebro y la que sale de mis labios atropellados); y aun a riesgo de perder el hilo en ocasiones lo cierto es que estoy disfrutando una barbaridad con cosas como esta:

…there with Anna in our fine old house between the mountains and the sea, when the autumn gales groaned in the chimneys and the waves were coming over the sea wall in washes of boiling white spume.
Es curioso: hasta que no lo he copiado y he cogido del estante la palabra aliteración no se me había ocurrido pensar en Nabokov, tan a mano siempre que se trata de parentescos sonoros entre palabras, de rimas y ritmos escondidos en el recorrido de la prosa. Y es que no tiene nada que ver más allá del gusto por el sonido: la mirada de Banville es más humilde, más concreta, se fija en la materialidad de las cosas y sólo después las encaja en el discurso; le falta la energía prodigiosa de crear mundos autónomos a base de palabras pero a cambio se vale de una enorme capacidad de selección para extraer del mundo real el tono de su historia. Y es, aunque esto no tiene por qué influir en ninguna valoración, un narrador mucho más bondadoso, mucho mejor persona.

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