Thursday, May 31, 2007

Vértigo

Salgo de Cincoechegaray con un libro de estética hindú que me llevará sin duda a otras decenas de libros cuya existencia ahora mismo ignoro. Me paro en el escaparate de Áncora (por cierto, que Málaga sigue teniendo mil tabernas, pero no está nada mal de librerías) y anoto, sin agotar la lista, el Samuel Johnson de Boswell recién traducido (que me hace acordarme, por cierto, de que también están las memorias de Chateaubriand en la misma editorial), el Libro de los Pasajes de Benjamin (uno de esos libros que conozco sólo por su negativo, por la silueta que le dibujan, citándolo, los autores que más me importan), un novelón chino del XVIII que se compara a Balzac (pero apenas he leído a Balzac), y una edición nueva de Moby Dick (que leí de niño y seguramente abreviada), y los cuentos completos de Italo Svevo (que si son todos como Una burla riuscita resultarán imprescindibles), y un Dostoievski que no conozco (y sería hora de releer los Karamazov, por cierto)...

2 Comments:

Anonymous Eckhart said...

Vertigo y el sueño imposible de días mucho más largos.

12:38 PM  
Blogger Francisco said...

Borges, Calvino, Steiner...

Tantos monstruos de la lectura comparten la convicción de que no es un verdadero lector aquel que no siente angustia ante la llamada -necesariamente desoída- de los libros que permanecerán cerrados para siempre en nuestra biblioteca.

Y sin embargo...

Con el pasar de los años, me siento -yo, lector voraz- cada vez más cerca de Flaubert y Lichtenberg. Recojo una frase del francés:

"Qué sabios seríamos si sólo conociéramos bien cinco o seis libros".

¿Cuántos leemos hoy en profundidad? ¿Cuántos memorizamos las páginas que "nos han leído" (la frase es de Steiner) profundamente? ¿Se puede decir que uno ha leído de verdad "El Quijote" o "Guerra y paz", sin haber hecho varias relecturas? El propio Borges confesaba que sólo leía porque era la condición indispensable para poder releer.

La bulimia propia lectores como Harold Bloom me suscita una profunda desconfianza. Sintomáticamente, sólo me convencen sus lecturas de Shakespeare y algún otro autor anglosajón; es decir, aquellos escritores que ha releído una y otra vez. El resto son (interesantes) reflexiones de café, con alguna -eso sí- intuición brillante.

Pero vuelvo a Lichtenberg. Horrorizado por la vacua erudición y la pedantería de los intelectuales de su tiempo, escribió:

"Resulta asombroso constatar cuán poco solemos hacer aquello que, sin embargo, consideramos útil y además sería fácil hacer. El ansia de querer saber mucho en poco tiempo impide, a menudo, investigar con precisión. Pero incluso al hombre que sabe esto le es muy difícil verificar algo con exactitud, aunque sepa que, si no verifica, tampoco alcanzará su objetivo final de aprender mucho".

El elogio de la lentitud y la precisión. Acabo este extenso (y pedantemente contradictorio) comentario con una anécdota extraída de "El telón", de Milan Kundera.

El escritor checo recomienda a un amigo francés que lea a Gombrowicz. Éste lee una obra menor y queda decepcionado. Kundera lo reconviene y lo emplaza a probar suerte con una de sus obras maestras. Ésta es la respuesta del francés:

"Amigo mío, la vida se acorta ante mí. He agotado la dosis de tiempo que tenía guardada para tu autor".

Éste (y no la adolescente pasión competitiva de Bloom) es el profundo sentido del canon.

El propio Kundera lo llama: "la moral de lo esencial".

5:07 PM  

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