Wednesday, May 16, 2007

La tele, a veces

El mejor relato breve que se ha escrito jamás (acaso el mejor relato breve posible) no tiene autor conocido. Forma parte de la tradición árabe, y aunque de entre sus muchas versiones quería copiar, siquiera por cariño al personaje, la de Yalal Al-Din Rumi, creo que funciona mejor ésta más breve debida, dice Google, a la princesa Sherezade:

Un joven jardinero persa le dice a su príncipe:
—¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana y me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por ventura, quisiera estar en Ispahan. El buen príncipe le presta uno de sus caballos.
Esa tarde, el príncipe ve a la Muerte y le dice:
—¿Por qué hoy en la mañana has hecho a mi jardinero un gesto amenazador?
—No fue un gesto amenazador —responde la Muerte—, sino un gesto de sorpresa. Pues esta mañana lo encontraba aquí, cuando debo reclamarlo esta noche en Ispahan.

Ahora lo están usando para un anuncio de televisión. Una mujer joven de gesto serio lo lee para la cámara, marcando muy bien los tiempos y los énfasis. Después inicia una explicación inevitablemente inferior al texto que se pierde en un fundido. El anuncio es de una editorial de libros de texto, y trata de establecer una complicidad con los profesores como mediadores entre libros y estudiantes. Me gusta imaginar el deslumbramiento de un chaval que, estando destinado a los libros, oye ese cuento por primera vez: el salto de un resorte interior, la certeza de estar ante una voz muy diferente a la de los tebeos o la propia tele. Así que esto, se dirá, es la literatura.

Porque la literatura, o al menos la variedad de que este texto es insignia, suena de modo inconfundible y produce un efecto casi físico, un cosquilleo en la boca del estómago que se atenúa con el tiempo pero no desaparece nunca del todo (y estoy por decir que nos pasamos la vida buscando reeditarlo). ¿Qué es lo que hay en esta breve construcción verbal que le ha dado tanto recorrido y la mantiene viva? No son las palabras exactas (no es un poema). La fabulilla se puede contar de muchas maneras, pero no de cualquier manera, y esa es la primera lección que aprenderá nuestro imaginario lector futuro: que una sabia dosificación de la información, un determinado ángulo, un orden concreto transfiguran los hechos narrados confiriéndoles un hechizo que se les superpone sin ocultarlos. El cuento no se repite, entonces, sino que se formula cada vez con ingredientes reconocibles: la velocidad, la sorpresa, los paralelismos... todo afinado y preciso, como un instrumento tallado con las puntas y hendiduras exactas para que se clave en la memoria y no salga, para que el eco tras la última palabra inicie un círculo infinito en la imaginación.

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Como terminar bien las evocaciones imaginarias sale gratis, decidimos que años después nuestro lector reconocerá el mismo fulgor en este arranque:

–¿Te ha sucedido alguna vez ver una ciudad que se parezca a ésta?, preguntaba una tarde Kublai a Marco Polo, asomando la mano ensortijada fuera del baldaquín de seda del bucentauro imperial, para señalar los puentes que se arquean sobre los canales, los palacios principescos cuyos umbrales de mármol se sumergen en el agua...

6 Comments:

Blogger T said...

No he visto ese anuncio, tamoco es raro porque últimamente no la nciendo mucho pero ese relato siempre me fascinó. Lo tiene todo.

11:16 PM  
Blogger E. G-Máiquez said...

A mí el anuncio me ha jorobado (digamos) infinitamente, porque yo todos los años les contaba la historia a mis alumnos. Con los del año que viene (ellos sí que ven la tele, no como el sabio T) habré perdido el efecto sorpresa.

Por otro lado, ¿sabéis si el romance del enamorado y la muerte es una variante o una extraordinaria coincidencia?

7:18 PM  
Blogger Ignacio said...

Sabia, Enrique, T. es sabia.

No conocía el romance: es creíble una influencia común. Lamento decir, por otro lado, que me parece fallido, no acaba de comunicar bien la urgencia ni el final.

8:39 PM  
Blogger Paolo said...

Concluyente prueba de que la literatura tiene mucho más que ver con el cómo (se cuenta) que con el qué (se cuenta).

9:18 AM  
Blogger Fuego said...

Tamién éste lo fue, una variable de otro anterior y mas extenso, aunque entre variable y coincidencia no exista más que un océano de originalidad.

Creamos basándonos en qué...

10:37 PM  
Blogger Sartine said...

Pues ya que estamos, ahí le dejo otro fragmento célebre:
“Y llegó Alejandro de Macedonia a un lugar cuyas habitantes eran todas mujeres, con la intención de hacerles la guerra. Pero ellas dijeron: -Si nos matas, dirán: “Mujeres mató”. Y si te matamos, dirán: “¡Vaya rey! Unas mujeres le mataron.”-
Entonces les dijo -Traedme pan.- Y ellas le ofrecieron un pan de oro sobre una mesa de oro. Alejandro les preguntó: -¿Acaso los hombres comen pan de oro? - Y ellas le respondieron: -Si sólo querías pan, ¿no la había en tu país? ¿Tuviste que venir hasta aquí para hallarlo?-
Al emprender el regreso, mandó escribir sobre la puerta de aquella ciudad las siguientes palabras -Yo, Alejandro de Macedonia, fui un necio hasta que llegué a una ciudad femenina de África y recibí consejo de unas mujeres.- ” (Talmud: Alejandro y las mujeres)

Buena discusión, desde luego el cómo es importante, para algunos vital, las historias, en el fondo, se parecen todas, según Borges sólo hay tres, verdad?

Abrazos

9:20 PM  

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