Tuesday, February 06, 2007

Hasta el rabo, todo es toro, ossia que no se acaba hasta que no canta la gorda

Hace unos cuantos años, recién asomado por primera vez a internet, llegué por mediación de amigos a unos foros de música interesantísimos. Estaban en plena batalla dialéctica sobre los toros (esa discusión española recurrente) a cuenta del espectáculo sobre Carmen que había montado Salvador Távora, con una corrida real en directo. Me lancé con fruición y entusiasmo de debutante (en el bando opuesto el gran Jacobus-Paolo, cuya amistad me honro en conservar desde entonces) a una polémica que al menos me sirvió, como a pistolero recién llegado al Saloon, para hacerme un nombre. El viernes pasado, después de asistir a una merecida pitada en el Teatro del Liceo, se me vino a la memoria una respuesta mía de entonces que por algún azar ha sobrevivido a mis periódicos holocaustos informáticos. El paralelismo circunstancial que tracé aquel día se revela sorprendentemente exacto:

Si lo pensamos bien, y volviendo a la fiesta de los toros, se trata de un punto de encuentro de la burguesía, un lugar donde ver y dejarse ver; de un ritual anticuado lleno de subtextos y sobreentendidos, de un arte que tiene que ver con el color, el perfume, el ritmo interior, de un espectáculo que puede ser ridículo o sublime en función de los intérpretes, donde tener una buena o mala tarde depende de factores imponderables. ¿Hay algo más parecido a la ópera?

Más aún, me corroboro años después. Desde el Siete, como desde el loggione de la Scala se abuchea todo lo que se mueve sin criterio discernible desde fuera; los defensores de las esencias antiguas no entran a comentar siquiera nada posterior a los cincuenta: viudos de la Callas o curristas viven en la misma atmósfera de nostalgia prefabricada (uno a veces piensa que si volvieran sus mitos no irían a verlos por no desilusionarse), y oyendo a algún taurino despotricar del unipase (moda nefasta al parecer) me llega el eco de las diatribas contra los tenores clónicos, los directores que no miran a los cantantes, las sopranos sin graves. Las filias y fobias son igual de irracionales, histéricas y encarnizadas (pero hace tiempo que no cuaja una buena rivalidad). Hay un enemigo exterior que concilia a todos los bandos: las ganaderías, los empresarios que falsean la fiesta con toros de mentirijillas, los registas caprichosos con ínfulas de modernidad que convierten las obras de repertorio en mamarrachadas pretendidamente vanguardistas. Cuando aparece un toro afeitado o Don Giovanni chupándole la polla al Comendador, la afición pata negra se hermana en un grito unánime (¡¡ladrones, sinvergüenzas!!) tan tonificante como inútil.

Lo que no hay en los toros, que yo sepa, son apocados ignorantes que aplaudan la estafa por miedo a que los consideren carcas, ni subnormales autoconvencidos que te afeen tu abucheo en nombre de lo que les han dicho que es vanguardia. Pero todo se andará.

3 Comments:

Blogger Portorosa said...

Desconozco el mundo taurino, pero me parece que la razón de esas diferencias es que nadie va a los toros como pose (no sé en determinados ambientes, tal vez ahí en el sur, pero no desde luego en la mayor parte del país), nadie va por parecer culto, ni refinado (de hecho, en esta otra parte de España el efecto sería el contrario), ni, en fin, por dárselas de lo que no es. La ópera viste mucho, muchísimo, y cualquier esnob se aprovechará (me aprovecharé) de ella. A mí me da la impresión, sin embargo, de que a los toros sólo van los aficionados y algún otro curioso que en ningún caso cree (al menos a mí desde fuera me parecería incomprensible que pudiesen suponer lo contrario) estar quedando bien, y que no tendrán mucho reparo en no aplaudir, o incluso en irse.
Ir a la ópera, más aun que ir a un concierto de música clásica (que también), es algo de lo que presumir, aunque no te hayas enterado de nada y en realidad te hayas quedado dormido.

Un abrazo (¿te imaginas -entre nosotros, of course- ya por qué había oído hablar -a pesar de no haber estado nunca ahí en Semana Santa- de la Cofradía de Mena?).

8:21 AM  
Blogger Ignacio said...

jaja, no me acordaba de eso... me imagino, me imagino, y tarareo para mis adentros.

2:29 PM  
Anonymous Sartine said...

Me comentaba este domingo Luis, un periodista y blogero de pro argentino, que en Buenos Aires se llenaba el cine para ver la célebre película de Warhol, 12 horas dedicadas a filmar a un tipo durmiendo, eso si es snobismo!

9:55 PM  

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