Tuesday, November 28, 2006

Parada anual

Este blog permanecerá (más) inactivo durante tres semanas por el tradicional viaje del autor.

A seguir bien.

Wednesday, November 22, 2006

Orgullo

Marina Tsvietáieva, poeta en el Moscú de la primera revolución. Le encomiendan un bobo trabajo burocrático que es incapaz de hacer.

Trabajé cinco meses y medio, dos semanas más y habría tenido vacaciones (con sueldo). Pero no puedo. Hay recortes no pegados de tres meses. (…) Los ojos llenos y la página vacía. Lo mismo que me ocurre con la costura –no comprendo, no comprendo dónde hay que cortar a la izquierda, dónde a la derecha, tengo un tornillo en las sienes y en la frente un plomo. Lo mismo que con la venta en el mercado, y en otro tiempo con la contratación de una sirvienta, lo mismo que con toda mi vida cotidiana terrestre, que me pesa como cien puds: no comprendo, no puedo, no resulta.

Pienso que si obligaran a otros a escribir Fortuna, ellos sentirían lo mismo que yo.


Adoro y envidio a partes iguales este párrafo: el sencillo, humilde reconocimiento de la propia inutilidad y el chispazo de orgullo al final, indomeñable, seco, absolutamente libre de hinchazón vanidosa. Una mera constatación, sí, pero uno sabe al leerla que esa mujer no se cambiaría por nadie si tuviera que ceder su don.

Este no-escritor, que se gana la vida rellenando papeles burocráticos y ha aprendido con mucho esfuerzo a hacer cuatro tareas diarias imprescindibles, no desea para nada esa mayor pureza en lo impráctico, pero sí que pediría a los dioses la intensidad y concentración en que tiene origen. Y la certeza en el propio valor, claro.

Tuesday, November 07, 2006

Para los miembros del Pabellón de Reposo

El foro lleva ya cuatro días inaccesible, de modo que no es descartable que la cosa sea definitiva. Yo, como saben, me dejo derrotar fácilmente por el enemigo informático, pero eso no quita para que vuelva a la carga, a por otro revolcón. Como no he recibido explicación alguna de OVH, y de todas maneras en febrero se acaba el contrato, voy a ponerme a buscar otro alojamiento que (condición fundamental) se haga cargo del traslado de lo que esté aprovechable de la base de datos. Mientras tanto (que puede ser un tanto bastante largo) lo único que se me ocurre es aprovechar el Viejo pabellón, con todas sus incomodidades y sus nostalgias de palacio añejo.
Hay foreros nuevos que no sé cómo localizar: una lástima. A ver si encuentro la forma de redireccionar o colocar una pantalla de aviso.
Como siempre, cualquier ayuda será bienvenida.

Thursday, November 02, 2006

Un descubrimiento tardío

Hace un par de años vi, en una librería de Milán, un libro de Mercé Rodoreda: La morte e la primavera. Me gusta fijarme en qué cosas nuestras se leen fuera, y me llamó la atención este título que no reconocía. Se lo comenté a la dueña, que ya me había dado muestras de ser cultísima: conocía, me dijo, La Plaça del Diamant, y no le había hecho una gran impresión; este título sin embargo era tutt’altra cosa. Esto me despertó la curiosidad, claro, pero hay tantas cosas por leer que se me quedó en la trastienda como tantas otras intenciones. Pasado el tiempo, en este mismo blog y hablando de escritoras, Lola dijo maravillas de otra novela de la autora, Mirall Trencat, y esta vez sí me he decidido. Con dos recomendaciones fiables no se puede hablar de sorpresa, pero debo decir que no me esperaba algo tan extraordinario; creo que es la mejor prosa narrativa que se ha escrito en España en, digamos, el último tercio del siglo (lamento no saber suficiente catalán como para leer el original, pero la traducción de Gimferrer suena prodigiosamente).

Apuntar siquiera un análisis de la novela o el estilo requeriría un empeño del que ahora mismo carezco. Diré que la prosa es exacta y despiadada, que tiene un sonido propio reconocible en seguida; que la mirada es profundamente subjetiva en cuanto que no disimula el amor, el desprecio o la lástima que le inspiran sus criaturas, pero a la vez de una objetividad clínica, totalmente inmune a las tentaciones del sentimentalismo. Y algo más, ese algo que no se puede (o yo no puedo, más bien) cuantificar, una fascinación, un perfume, unos ciertos velos de colores que se interponen, sin comprometer la claridad (y ahí el milagro) entre lo narrado y el lector.

Les dejo, además de mi recomendación más ferviente, estas palabras del prólogo, iluminadas y certeras a la vez que astutamente orgullosas. De escritor grande que sabe que lo es.

Una novela son palabras. Quisiera hacer ver los espasmos lentísimos de un brote cuando sale de la rama, la violencia con la que una planta expulsa la semilla, la inmovilidad salvaje de los caballos de Paolo Ucello, la extrema expresividad de las sonrisas andróginas de las Vírgenes de Leonardo da Vinci, o la mirada provocativa, la mirada más provocativa del mundo, de una dama de Cranach, sin cejas, sin pestañas, tocada con un sombrero, con plumas de avestruz, con los pechos fuera del jubón. No he llegado a tanto. Escribir bien es difícil. Por escribir bien entiendo decir con la máxima simplicidad las cosas esenciales. No siempre se consigue. Dar relieve a cada palabra; las más anodinas pueden brillar cegadoras si las colocamos en el lugar adecuado. Cuando me sale una frase con un giro diferente, tengo una pequeña sensación de victoria.

Y me quedo con las ganas de hablar de los personajes, de Teresa Goday y el notario Riera envejecido, del esplendor insoportable, sin futuro de los niños salvajes y la derrota del que sobrevive, de las criadas jugando desnudas con la manguera...

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