Wednesday, July 19, 2006

Siesta creadora

Me ha vuelto a ocurrir. Una digestión pesada, una siesta larga, sueños anodinamente realistas de esos que se producen muy cerca de la vigilia. Y en ellos, un libro cualquiera, un libro que leo y que no existe, un libro por tanto que mi cerebro está escribiendo a la vez que me figura leyéndolo. Y al despertar, el recuerdo clarísimo de los párrafos leídos, el tema, el tono, todo ello absolutamente ajeno a mí.

A ver si lo pongo en pie. Es una página satírico-mundana del doctor Freud, un Freud que escribe un poco como Nietzche. Habla de una familia Cui, del freno que un apellido raro o ridículo puede imponer al desarrollo. “Los dos hermanos”, escribe, “el ingeniero y el músico, sobresaliente músico de jazz, braceando en la vida profesional, avanzando con el brazo derecho y apartando con el izquierdo las dificultades banales pero innegables de llamarse precisamente Cui, fijo el recuerdo en el ya consolidado mito familiar, la plaza de profesora universitaria que consiguió su hermana mayor (logro menor si se quiere, para quien no cargue con un monosílabo tras su nombre)…” Y más adelante, después de un rato de cotilleo académico y burgués extraordinariamente chispeante y despreocupado, un toque encantador de autocrítica: “Ya sé, ya sé que como me dice siempre Herr X los problemas familiares de la clase alta vienesa no llegan a representar el uno por ciento de los problemas reales en la ciudad, pero qué quieren, son los que me llegan…”

Nada de esto significa nada especial ni remite a ningún hilo de pensamiento que viniera yo rumiando. Me temo que las frases que he rescatado (que estaban ahí flotando cuando he despertado) suenen ya a mí y fracasen en el intento de reconstruir para ustedes la sensación alucinante de realidad literaria autónoma, de cosa leída de verdad. En fin, ya me lo he sacado de encima. Hasta la próxima siesta.

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Tuesday, July 11, 2006

Así, menos aún

Enemigo inveterado de las religiones, me encuentro de vez en cuando en el que se supone campo propio actitudes tan ridículas y pobres de espíritu que necesito, por higiene mental, poner metros de por medio.

El Papa le ha regalado al Presidente del Gobierno español un facsímil de un códice medieval, y sendos rosarios de perlas a las señoras que lo acompañaban. En el inventario oficial se anota: collares de perlas con cruz y biblia grande antigua. ¿A qué viene eso? ¿para qué sirve? Tal pareciera que el gobierno (o al menos el funcionario encargado de tales anotaciones) comparte con algunas tribus de Oceanía el pensamiento mágico según el cual lo que no se nombra no existe. No es verosímil que ningún español de mediana edad ignore lo que es un rosario; el exterminio sistemático en guerra de los abuelos militares de uno puede provocar un dolor infinito y perdurable, pero no creo que llegue a borrar selectivamente zonas de la memoria. Y llamar biblia grande a un códice es como decirle alfombra de colores a un tapiz de la Real Fábrica. Una mera y lisa catetada. Sólo que tras ella se adivina una intención pueril y papanatas.

Así no vamos a ninguna parte, y menos aún cuando estos ridículos desplantes se emplean como sustitutos de una política verdaderamente enérgica hacia el necesario laicismo institucional. Por fortuna ser ateo no implica más que una coincidencia con otros en la negación de una idea. Si se tratara de una asociación o partido y me encontrase con semejantes compañeros, tendría que darme de baja.

Así, no

Leo una viñeta de El Roto: Señor, si eres luz, ¿por qué tus representantes son tan oscurantistas?, y se me mete entre ceja y ceja que tengo que oponerme a esa fórmula tan extendida.

Primero, porque no es verdad. En un cierto sentido sí, son oscurantistas por definición en cuanto que aceptan una visión irracional del mundo. Pero apostaría tranquilamente las dos piernas a que no es eso lo que el fúnebre caricaturista quiere decir. Aquí se está acusando a la Iglesia más bien (a sus sacerdotes al menos) de ir por el camino de la oscuridad, de la tristeza y la represión, del mal en definitiva. Y eso es más falso que cierto, si hacemos un balance honesto y completo de sus acciones. De todas sus acciones, no sólo las que tienen que ver con el matrimonio entre hombres, que tal pareciera es su único campo de interés a juzgar por lo que se lee en la prensa española.

Segundo, y más importante, porque no es esa la cuestión. No se trata tanto de que la doctrina moral de la Iglesia sea en algunos aspectos disparatada, siniestra y enemiga de la felicidad (eso es meramente un síntoma, y de poco peso si consideramos tantos otros en que resulta razonable y positiva) como que está fundamentada en la idea peregrina, contraria a la razón humana y en el fondo maléfica de un dios personal y bondadoso. Ese es el punto decisivo, hacia este apoyo debería dirigir sus andanadas el ateo consecuente, porque es a la postre el único que importa. Si la noción del bien y el mal procede de la voluntad de ese hipotético individuo, poco importa el contenido de la doctrina puesto que podría ser otro cualquiera.

Cuánto más digno y orgullosamente humano resulta el chestertoniano doctor Savarin: aún cuando existiera ese Ser Supremo que invocáis, aunque fuese como pretendéis infinitamente sabio y bondadoso y todos y cada uno de sus preceptos se encaminaran a nuestro provecho, oponerse a ellos sería la primera obligación de quien quisiera ser digno de llamarse Hombre.