Monday, March 13, 2006

A modo de ejemplo

Me avisaron de que estuviera atento a lo que El Mundo publicaría ayer lunes 13. Atento estuve; me pareció más de lo mismo. Aun así copié el artículo y lo apostillé. Hoy aparecen desmentidos bastante contundentes, pero creo que sigue teniendo interés desactivar una cualquiera de estas bombas diarias usando sólo sus propios términos. Más que nada para que todos sepamos de qué estamos hablando.


MADRID.- El inspector Miguel Ángel Álvarez, encargado de la custodia de los objetos recogidos en el tren que el 11-M hizo explosión en la estación de El Pozo, no pudo confirmar ante el juez Juan del Olmo que la bolsa azul descubierta en la Comisaría de Vallecas estuviese en ese ferrocarril, según publica EL MUNDO.

No pudo confirmar, retengamos esa expresión. Varios párrafos más adelante se invertirá la carga como quien no quiere la cosa: serán los conspiradores (gobierno, policía, juez) los que no puedan confirmar que la mochila estuviera en el ferrocarril.

Este diario reveló el pasado lunes que ese funcionario había remitido un escrito a la Dirección General de la Policía, el 25 de octubre de 2004, en el que ponía de manifiesto algunos hechos que podían poner en cuestión la validez de la prueba fundamental sobre la que se asienta la investigación de todo el caso: la 'mochila' que contenía la bomba desactivada por los Tedax en la comisaría de Puente de Vallecas el 12 de marzo.

Una vez más, poco tardará el articulista en dar otro alegre salto en el vacío. De podían poner en cuestión pasará a deja en evidencia sin que entre un párrafo y otro haya sucedido nada que lo justifique.

En el interior de esa bolsa las Fuerzas de Seguridad encontraron la tarjeta del móvil que condujo no sólo a la detención de Jamal Zougam, sino a la casa de Morata de Tajuña y, no menos importante, al número de teléfono 656526727, propiedad de Carmen María Toro Castro, es decir, a la trama asturiana.

Tras leer la información que publicó EL MUNDO, el juez Del Olmo pidió que se le remitiese el escrito del inspector jefe Álvarez y, a la luz de lo expuesto en el mismo, pudo comprobar que la Dirección General se lo había ocultado durante casi 17 meses.

No se lo habían enviado, simplemente. Tampoco le enviaron otros cientos de papeles, y no podemos predicar de cada uno de ellos que se los ocultaron al juez. Es el deber de la policía que investiga decidir qué documentos de los cientos de miles que genera un caso son relevantes para el sumario. En este caso entendieron seguramente que las dudas del inspector, expresadas siete meses después de los hechos, eran irrelevantes frente a la certeza de que los objetos habían sido custodiados correctamente.

Ante el juez, el funcionario de Policía insistió en la imposibilidad de mantener que la bolsa que contenía la Goma 2 Eco, con la metralla, el detonador y el teléfono móvil, formara parte de los objetos recogidos en El Pozo, ya que en el lugar de los hechos la juez no ordenó que se hiciera un inventario de los mismos.

Non sequitur, seguramente no del policía sino del periodista que pone palabras en su boca. El que no se hiciera un inventario significa sólo que nos falta esa certeza suplementaria de que un objeto determinado estuviera en el montón. Nunca, en un universo regido por las leyes de la lógica, puede significar “la imposibilidad de mantener que estuviera”.

Álvarez era, precisamente, el encargado de custodiar los objetos, y hasta donde sabemos lo hizo correctamente. Mientras estuvieron a su cargo nadie pudo introducir de extranjis una mochila nueva. Y después de terminar su labor, la custodia pasaría a otro, y a otro. La policía ha dado por buena desde el principio la cadena de custodia que acredita la presencia de esa mochila en el tren (incluso eso es mucho decir, incluso en esa fórmula estoy presuponiendo una puesta en duda que no ha lugar). Veamos qué tienen que decir los que dudan de la policía, qué hechos les permiten lanzar una duda tan atrevida.

Aun así, Del Olmo inquirió al policía si podría reconocer, de entre los objetos que se amontonaron aquel día tras el atentado, la bolsa que contenía la bomba. Alvarez le dijo al instructor que él se acordaba de una bolsa que pesaba mucho, y que le llamó la atención porque la mayoría de los enseres que se recogieron durante esa trágica mañana eran poco pesados: bolsos de señora, libros, pequeñas mochilas, carteras, etcétera.

El juez mandó traer la 'mochila' en la que se encontraba la bomba desactivada para comprobar si era, en efecto, la misma. Para su sorpresa, Álvarez fue rotundo: aquélla no era la bolsa a la que él hacía referencia. La que se amontonó junto al resto de objetos el día 11 de marzo era, según declaró el inspector jefe al juez, más alargada y más baja, tenía las asas más cortas, era de un color azul distinto y, sobre todo, era mucho más vieja. La bolsa que le mostró Del Olmo era prácticamente nueva, impecable.

Se practica una exclusión falaz. El inspector no dice que recuerde todos los objetos, caso de que fuera posible tal retentiva. Dice que recuerda una mochila en particular. Que era azul, y pesada. No dice que fuera la única mochila, ni que fuera el único objeto azul. No dice (no se nos dice) cuántos objetos había, si eran quince o ciento treinta y dos, o setecientos. No dice si se abarcaban de un golpe de vista, si la ausencia de uno llamaba inmediatamente la atención.

Es cierto que no identifica la mochila decisiva con esa que recuerda. Hay quien pone en cuestión el recuerdo mismo, hurgando en la falibilidad de la memoria humana cuando está sometida a presiones propias y ajenas; no entro ni salgo en ese argumento. Simplemente hago notar la posibilidad de que el policía recuerde una mochila azul pesada simplemente porque la tuvo en sus manos, y no recuerde en cambio esa otra que resultó crucial porque no reparó en ella, porque no había ninguna razón para que reparara en ella. ¿Improbable? No sé ¿más que una borrosa conspiración que involucre a policías, jueces y gobernantes?

El juez decidió incorporar al sumario su escrito remitido a la Dirección General de la Policía el 25 de octubre de 2004 y, por supuesto, su declaración, que deja en evidencia la prueba fundamental del caso 11-M.

Su declaración: vigilé los objetos y nadie pudo manipularlos.

Su declaración: recuerdo una mochila; me parece que no era esta mochila.

Conclusión: es evidente (¡evidente!) que alguien, en un momento posterior a la custodia de Álvarez, introdujo una mochila ajena con pruebas falsas.

Hay muchas cosas que no conozco del sumario, pero eso no me impide detectar una conclusión forzada cuando como en este caso viene anunciándose con campanillas y luces de colores. Este testimonio sólo pone en duda que la mochila estuviera en el tren si previamente hemos establecido como plausible esa posibilidad. O, invirtiendo el orden a la manera tan cara a los delpinos, el testimonio del inspector Álvarez vendría a confirmar las dudas previas sobre la mochila... si no fuera porque esas dudas no tienen más fundamento que el testimonio de Álvarez.

¿Cuál es entonces la base factual, el punto de arranque de esas dudas que sólo afectan a un par de periodistas? ¿qué les ha hecho sospechar una enormidad semejante? ¿qué tremenda anomalía en el procedimiento policial de recogida de pruebas les puso sobre esta pista que al final se ha visto vagamente apoyada por la declaración de Álvarez? Confieso haber sido hasta ahora incapaz de dar con ese detonante. Se diría –pero cómo va a ser eso...- que todo parte de una certeza moral a la que sólo después se han ido añadiendo trocitos o apariencias de hechos.

Seguimos esperando, de todas formas, el relato pormenorizado de lo que realmente sucedió.

1 Comments:

Blogger Brian said...

Ya tenemos las bombas desactivadas. Por un lado, en esta entrada del blog, nos dejas claro que se ha intentado poner en cuestión, y neutralizar, la validez del eslabón fundamental en la investigación de los hechos y de sus culpables sin ninguna base y sin aportar nada más que humo. Por otro, en la entrada "Falacias", estableces, correctamente, que para avanzar en el conocimiento de las cosas hay que formular teorías alternativas que expliquen mejor los hechos observados. Pero resulta que en este caso no sólo es que no haya tales teorías alternativas mejores, es que no hay teorías alternativas a secas.

Pero llegados a este punto -y hay que recordar el largo y doloroso camino andado hasta llegar al mismo- ya no basta con desactivar las bombas; hay que empezar a preguntarse en serio quien las pone y con que fin. Esto ya no es un juego de patriotas, esto empieza a ser un asalto al estado de derecho en toda regla, y esto no puede seguir saliendo gratis. Insisto, no basta con desactivar las bombas, hay que poner a quienes las arman y a quienes tratan de sacar tajada de ello (aquí también podríamos hablar de los que sacuden el árbol y de los que recogen las nueces) frente a sus responsabilidades.

12:16 AM  

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