Sunday, October 30, 2005

Aguja de navegar críticos

Se quejan los que de ópera y otras músicas cantadas, sea por oficio o por afición escriben para publicado, de que al cabo del tiempo se les agotan las alabanzas y los denuestos y aun los más extremosos y sonoros vocablos se les hacen gastados y sin pujanza por el mucho abundamiento y repetición que dellos hacen. Si una voz es cristalina, otra será argentina, y la de más allá como un hilo de seda, pero al cabo entre hilos, platas y cristales andaráse.

Para ayuda y descanso de los dichos escribidores traigo, de don Miguel de Cervantes y Saavedra, cuyo Don Quijote es pozo sin fondo de decires y sentencias, o dicho a la manera del vulgo, como el cochino -con perdón- por el aprovechamiento que hasta de lo más recóndito y bajo dél se saca, deste esclarecido autor traigo, digo, el que cuélguenme de los pulgares si no es el más fino y acabado elogio de una voz que se ha escrito nunca, y que se encuentra en boca de uno de los regidores que buscaban el asno, en la famosa aventura del rebuzno:

que por el Dios que me crió que podéis dar dos rebuznos de ventaja al mayor y más perito rebuznador del mundo: porque el sonido que tenéis es alto; lo sostenido de la voz, a su tiempo y compás; los dejos, muchos y apresurados; y, en resolución, yo me doy por vencido y os rindo la palma y doy la bandera desta singular habilidad.

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Monday, October 24, 2005

Parada técnica

Esta vez de verdad. Estoy incumpliendo todos los plazos que me puse. Me quedan todavía entradas de Túnez y Alemania, y tengo pendiente el recorrido turco entero (todo eso sin mirar muy atrás). Y en diciembre seguramente haré otro viaje largo (nooooooo, no me quejo).
El caso es que tengo que disciplinarme. Un post al día en El paseante, y este otro descansa hasta nueva orden. Ese es el compromiso, aquí pegado, para que me lo recuerden.
Saludos

Wednesday, October 19, 2005

La historia más triste, II

…la confección del pastel de los domingos era, según me contó Lukas, un asunto de estado mayor que cada vez les llevaba el sábado entero. No obstante, cuando la semana iba tocando a su fin, Babett siempre insistía a Bina y Bina a Babett en hacer también el pastel en esta ocasión, alternando un pastel de manzana con un bizcocho de Saboya. Cada vez, al haber concluido su elaboración, el pastel era llevado con cierta ceremoniosidad a lo que las dos llamaban el salón de café, y allí, recién espolvoreado e íntegro, como estaba, era colocado debajo de la campana de cristal del aparador junto al pastel de manzana o el bizcocho de Saboya hecho el sábado anterior, de forma que un cliente que hubiese llegado el sábado por la tarde hubiera podido escoger entre dos pasteles, entre un pastel de manzana revenido o un bizcocho de Saboya recién hecho, o entre un pastel de manzana recién hecho y un bizcocho de Saboya revenido. El domingo por la tarde ya no hubiese existido esa posibilidad, pues el domingo por la tarde Babett y Bina consumían o el pastel de mazana revenido o el bizcocho de Saboya revenido en el café del domingo por la tarde, Babett comiendo el pastel con un tenedor de postre mientras Bina lo mojaba en el café, de lo que Babett, muy a pesar suyo, nunca la había podido desacostumbrar.
W.G. Sebald
Vértigo

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Monday, October 17, 2005

No del todo imitando al Arte

Se empeñó primero en hacer el papel de Julia Mottram para una mujer que seguramente no se lo merecía (en ninguno de los dos sentidos). A Julia al menos le gustaban los hombres, lo que nos hace más difícil en su caso descartar los escrúpulos como un mero pretexto.

Más tarde encontró un Charles Ryder más joven y del sexo adecuado a quien abrirle las puertas del paraíso como Sebastian Flyte hizo en Venecia aquel primer luminoso verano. Como para entonces tenía unos años más y el afán de autodestrucción no minaba, en apariencia, sus genes, el arreglo resultó razonablemente armonioso para todas las partes.

Lo cual viene a demostrar que en ciertas narrativas, como en ciertas matemáticas, el orden es importante.

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Wednesday, October 12, 2005

La historia más triste, I

Me propongo iniciar un elenco de escenas tristísimas; de momento sólo tengo dos elegidas, pero es un material que no falta precisamente.
En una película uruguaya titulada Whisky, indeciblemente triste toda ella, hay una escena demoledora. Jacob Köller heredó de su padre una fábrica de calcetines y la conserva exactamente igual, con la misma triste persiana de chapa y las mismas máquinas que giran tristemente sin parar y las mismas tristísimas hormas metálicas para los calcetines terminados.

De Brasil anuncia su llegada Herman Köller, el hermano que eligió marcharse y fundar su propia triste fábrica de calcetines en Brasil. Jacob va al aeropuerto a esperarlo con un par de calcetines en la mano; como el vuelo lleva retraso, se alarga a la tienda de regalos y compra papel para envolver. Envuelve los calcetines con cuidado, se queda mirando, deshace el paquete, despega la pequeña etiqueta con el precio y lo vuelve a plegar.

Cuando vuelve a la puerta está ya su hermano esperándolo. Se dan un tímido abrazo, Jacob le tiende el paquetito a Herman, Herman agradece y saca a su vez del bolsillo unos calcetines sin envolver. Jacob los coge, los examina, la cámara nos da un primer plano: llevan el precio puesto, seis reales.

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Monday, October 10, 2005

Cuestión de perspectiva

-Pues no lo acabo de ver...
-Sí hombre, es que no está derecho: esto de aquí es la boca, y si fijas la vista en esta diagonal de aquí ves un brazo.

El camarero se esfuerza, acercando y alejándose el folio de la cara, pero se le ve claramente más interesado en la muchacha y su sonrisa. No es de extrañar, es una hermosa muchacha con una sonrisa de esas que se regalan sin esfuerzo, ancha y luminosa.

Desde donde estoy sentado no veo la imagen impresa. Tampoco creo que lograra desentrañarla aunque me la enseñaran: sufro de una incapacidad insuperable para los juegos de agudeza visual; especialmente para esas supuestas imágenes en 3-D que hay que mirar entornando los ojos o poniéndose bizco: ésas jamás las he visto salir del papel y, como santo Tomás, no creo en ellas hasta que me salten al cuello.

-¿Y de cuántos meses estás?

Parece que no son los ilusionismos gráficos lo único que soy incapaz de ver cuando lo tengo delante. La chica luce un barrigón considerable, y son las ecografías lo que enseña con la sonrisa de oreja a oreja. Como cualquiera habría podido entender desde el principio.

Thursday, October 06, 2005

Amo las teleseries

Estoy convencido de que hoy día hay más talento en la televisión que en el cine. Hoy, viendo el mítico episodio del restaurante chino de Seinfeld (un tour de force de guión que más tarde se hizo marca de la casa, una situación estancada, media hora en tiempo real en que no pasa nada y que se sostiene prácticamente a base de vueltas a tres temas inanes exprimidos hasta el delirio), he tenido que ponerme con el mando a arrancar y parar para copiarme este monólogo de George Constanza, porque me parece lo más brillante que he visto en mucho tiempo: no sé si por escrito conservará el efecto, pero creo que es el contraste entre el lenguaje y lo que se cuenta lo que lo consigue, y eso no se pierde:

After dinner last week she invites me back to her appartment… Well, it’s this little place with its little bathroom, and it’s like… right there, you know? It’s not even down a little hall or off in an alcove, you understand? There’s no… buffer zone.

So we start to fool around, and it’s the first time, and it’s early in the going… and I begin to perceive this impending… intestinal requirement… whose needs are going to surpass by great lenghts anything in the sexual realm. So I know I’m gonna have to stop. And as this is happening I’m thinking even if I can somehow manage to momentariliy extricate myself from the proceedings and relieve this unstoppable force.

I know that that bathroom is not gonna provide me with the privacy I know I’m going to need. So I finally stop and say: “Tatiana, I hope you don’t take this the wrong way but I think it would be best if I left”.

-[Jerry] ¿You said this to her after?
-No. During.

(…)

So I’m dressing, and she’s staring up at me struggling to compute this unprecedented turn of events. I don’t know what to say to reassure this woman, and worst of all, I don’t have the time to say it. The only excuse she might possibly have accepted is if I told her I am, in reality, batman. And I’m very sorry, I just saw the Bat Signal.

Monday, October 03, 2005

Ferlosiana

Los que se llenan la boca recordando que las hazañas mundanas, los espasmos de los sentidos, el fastuoso y empenachado andar por la vida de los soberbios terminan en polvo y cenizas olvidan con harta frecuencia que en cenizas acaban también la poquedad y el menosprecio de uno mismo, por lo que si algún mérito se ha de atribuir a éstos frente a aquéllos no habrá que buscarlo en el final común sino en alguna otra condición que, compartida por ambas maneras, sea de signo diverso en cada una.