Wednesday, August 31, 2005

Una obviedad interesante

Navegando al azar por blogs de lengua inglesa me encuentro con una de esas reflexiones sencillas y contundentes que suelen hacer los científicos cuando hablan de generalidades. Escribe un tal Michael Bérubé:


Thinking in ways to help the material conditions of others may prove useful indirectly. But there are crucial and complicated intermediary steps between the thinking and the helping. Someone who just thinks a lot about the hunger of others is not morally superior to or more politically involved than someone who thinks a lot about his red car.


Esta idea tan clara y distinta, sin embargo, está lejos de ser asimilada por el conjunto de la sociedad. Seguimos creyendo por no sé qué inercia que pensar en algo es un grado intermedio entre hacerlo o no hacerlo. Cuando uno se encuentra a alguien a quien ha dejado de llamar hace meses, invariablemente le dice he estado pensando en llamarte, como si eso fuera un eximente, como si ya por ello, en cierto modo, lo hubiéramos ignorado un poquito menos, como si no quedara flotando en el aire la incómoda pregunta sobre qué exactamente nos impidió hacer esa llamada en la que pensamos. Cuánto mejor no sería, más digno al menos, admitir que no hemos querido llamar.

Hace poco estuve en una boda; los novios eran unas personas estupendas, jóvenes y felices, enamoradísimos el uno de la otra. ¿Hacía falta más? Para la amiga que tomó la palabra, sí. Están unidos, dijo, en la solidaridad. Lo primero que me vino a la cabeza fue que un cura habría dicho que estaban unidos en Dios, que para qué una ceremonia civil si se acaba diciendo lo mismo, y que a santo de qué esa necesidad de estar unidos en algo, como si no fuera bastante estar unidos a secas. Pero lo que viene al caso es otra cosa. Conozco a la pareja, y sé que se muestran muy preocupados por el hambre y la pobreza, acuden a manifestaciones y se ponen camisetas con proclamas al respecto. No les conozco, en cambio, ninguna actividad real contra la pobreza. Es decir, como en el párrafo de Bérubé, son personas que piensan mucho en los pobres, de la misma manera que yo soy una persona que piensa mucho en los antiguos griegos, en las ofertas de vuelos o en la serie Friends.

No hay nada malo en ello, claro, pero tampoco nada especialmente bueno. Ni ellos son hipócritas ni yo soy malvado. No demasiado, al menos. Somos perezosos, acomodaticios, básicamente egoístas. Y sin embargo, es difícil combatir la noción de que hay una diferencia moral entre quien dedica tiempo a sus ideas positivas y las manifiesta en voz alta, y quien no lo hace. Yo, sin embargo, creo que no la hay. Y que el mundo sería un lugar más comprensible, más honesto, menos turbio si lo tuviéramos en cuenta.

Monday, August 22, 2005

A favor de cirugía

En cuanto me toque la lotería me cojo un avión, me planto en la puerta de Pitanguy con una foto de Rodolfo Valentino y le digo: "Esto quiero".

Luis G.

Sunday, August 21, 2005

Una ausencia

Unos antes, otros después, todos acabamos rindiéndonos a la evidencia de que es imposible abarcar no ya la Red, sino la mínima parte escrita en español, y resignándonos a desconocer mundos y mundos, nos quedamos con los pocos conocidos. A todos les parecerá que los suyos son los mejores, pero en mi caso es cierto: en los enlaces de la derecha hay oro puro.

Es por fidelidad a lo excelente que mantengo, por ejemplo, el enlace de Duquena (Combray) en espera de que el trabajo le deje tregua para escribir; y por eso me resistía a borrar el de Jesús (Innisfree), aunque su ciclo de un año terminó. De vez en cuando picaba para ver si había nuevos comentarios en ese último post o para leer un poco hacia atrás. Hace una semana lo hice y daba error. Lo he repetido varias veces, y me temo que Innisfree ya no está en la Red. Para los que no lo hayan disfrutado, diré que ha sido la experiencia más (¿importante, lograda, sólida?) que he conocido en Internet. Un padre de familia, un hombre bueno, un tío que se viste por los pies -alguien como usted o como yo, pero mejor-, pero sobre todo un poeta, que cada noche se sentaba al teclado y dejaba un trozo de su intimidad, una cosa preciosa, palpitante, llena de luz, y la dejaba ahí porque sí, por estar menos solo o porque le salía a chorros, porque en eso consiste ser poeta.

Las anotaciones de Innisfree son tan diferentes de los millones de diarios adolescentes y egocéntricos que atoran la Red como pueda serlo la guía telefónica del Catálogo de las Naves. Están hechos de la misma materia, pero el yo que desborda y atosiga los cuadernitos de Hello Kitty está aquí exquisitamente velado (y por ello mil veces más presente: conocemos a Jesús por lo que escribe como ninguno de esos egoenfermos podrá jamás hacerse conocer). Jesús enfoca en los nervios de una hoja seca, en los troncos que se le cruzan, fugaces, por la carretera una mirada tan limpia, tan exquisita, tan rebosante de amor que apenas notamos el cambio cuando la fija en lo que de veras importa, en los suyos, en las tragedias y alegrías de una intimidad que si no nos violenta compartir es por la inmensa delicadeza con que hemos sido invitados a ella.

No le reproché a Jesús que cerrara Innisfree: lo considero una obra literaria que como tal ha de tener principio y fin, y la idea del ciclo anual es tan buena como cualquier otra –mejor, seguro, cargada como va de metáforas y de tradición. Sólo espero que no se haya perdido ahora, que tenga copia en alguna parte. Y –aunque lo leo de vez en cuando comentar por ahí, con el talento y la hombría de bien de los que no podría desprenderse aunque lo intentara-, lo echo de menos y ruego por que se anime a empezar alguna otra aventura.

Wednesday, August 17, 2005

Contra cirugía

Lanzarote del Lago está atrapado por cuatro hermosas hechiceras, que le obligan a elegir entre ellas:

-¿Acaso no somos bellas?
-No lo sé, mi señora.
-Eso es ridículo, claro que lo sabes. No hay en el mundo mujeres tan hermosas, o la mitad de hermosas. Nos hemos cerciorado de eso.
-Creo que a eso me refería. Habéis elegido vuestras caras y vuestros cuerpos, creándolos con vuestras artes.
-¿Y qué hay con eso? Son perfectos.
-No sé con qué habéis empezado. No sé qué sois. Podéis cambiar de aspecto, creo yo.
-Claro que sí. ¿Qué diferencia hay? No serás tan necio como para creer que Ginebra es tan bella como nosotras.
-Ved, señoras, Ginebra tiene la cara y el cuerpo y el alma de Ginebra. Ella es así y siempre ha sido así. Ginebra es Ginebra. Uno puede amarla sabiendo lo que ama.
-U odiarla -dijo Morgana.
-U odiarla, mi señora. Pero en cambio, esas caras no son las vuestras. Son sólo imágenes fabricadas, las imágenes de lo que os gustaría ser. Una cara, un cuerpo, crecen y sufren con su dueño. Tienen las cicatrices y los estragos del dolor y la derrota, pero también el brillo del coraje y el amor. Y, al menos para mí, la belleza es una prolongación de esas cualidades.

John Steinbeck

Tuesday, August 16, 2005

Observaciones nimias

Una de esas cosas que no acaban de estar resueltas en la vida es el color distintivo de los cartones de leche. ¿Por qué, me he preguntado muchas veces, no se adopta un código único? Rojo, entera; verde, desnatada, y azul, semidesnatada, por ejemplo. Y todas las marcas igual, por norma europea. Pues no, cada uno por su lado. Un lío.

Mercadona, como en tantas otras cosas, ha dado un paso adelante. El otro día, al abrir la nevera de mis padres, me encuentro tres cartones en fila. Uno de ellos, el que resultó ser de la entera, es de proporciones claramente más chatas que los otros dos. Recortadito. Rechoncho. Imposible de confundir, sí. Pero ¿estarán queriendo decirme algo?