Thursday, July 07, 2005

Una pequeña contribución al centenario

Casi recién empezado este blog escribí un par de comentarios (aquí y aquí) sobre las apariciones del autor en su obra; lo dejé como una lista abierta, pero como tantas otras cosas no la continué. Leyendo (como buen y disciplinado españolito) mi Quijote este año me di cuenta de que esta novela infinita daba ella sola más ejemplos de ese tipo de presencia (y más variados, más rabiosamente contemporáneos, más sorprendentes) que todo el resto de la literatura junta.

Por querer hacer honor a esa riqueza he ido aplazando la redacción de un texto adecuado, al menos hasta acabar la relectura. Pero como veo que mis notas dispersas se van a quedar en nada, quiero comentar al menos este, que en mi enciclopédica ignorancia me atrevo a considerar hallazgo o intuición propia.

A la venta donde se cruzan todas las historias llega un fugado de Argel, que también tiene la suya. Y dentro de ella, de pasada:

(…) ninguna cosa nos fatigaba tanto como oir y ver a cada paso las jamás vistas ni oídas crueldades que mi amo usaba con los cristianos. Cada día ahorcaba el suyo, empalaba a este, desorejaba aquel, y por esto, por tan poca ocasión y tan sin ella, que los turcos conocían que lo hacía no más de por hacerlo y por ser natural condición suya ser homicida de todo el género humano. Sólo libró bien con él un soldado español llamado tal de Saavedra, el cual, con haber hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años, y todas por alcanzar libertad, jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le dijo mala palabra; y de la menor cosa de muchas que hizo temimos todos que había de ser empalado, y así lo temió él más de una vez; y si no fuera porque el tiempo no da lugar, yo dijera ahora algo de lo que este soldado hizo, que fuera parte para entreteneros y admiraros harto mejor que con el cuento de mi historia.

Un moro cruel, psicópata, que sólo a un hombre no castiga por más que se pase. ¿Qué nos está contando Cervantes de sí mismo? A mí me parece un lamento exquisitamente distanciado, pudoroso, melancólico, un amable y triste burlarse de uno mismo y de su perra suerte (“había de ser empalado”, precisamente viene a escribir un hombre que, Lázaro Carreter dixit, pesaba y medía cada palabra). Siglos después, en plena apoteosis del ego, el histriónico Lawrence hará fuegos artificiales con un episodio parecido: cuánto más viril, más digna, de mejor calidad nos resulta la contención cervantina.

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1 Comments:

Anonymous Roberto Zucco said...

Me parece sutilísimo tu comentario, y sutilísimo el texto cervantino. Hay obras de arte que resisten hasta sus propios himenajes y centenarios!

8:48 PM  

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