Tuesday, June 21, 2005

Una reflexión a contrapié

(Para la serie El abogado del diablo o Tirando piedras contra el propio)

1) He sostenido desde el principio que la reivindicación de las parejas homosexuales de poder casarse “como los demás” significa un deseo de reconocimiento social, mucho antes que una reclamación de ventajas fiscales, pensiones o derechos automáticos de herencia.

Es a partir de esa premisa que he defendido la oportunidad de llamar a esas uniones matrimonio y no aparador o heliotropo, no sólo en nombre de la realidad contra la etimología, sino también frente al hábil contraargumento de ”si te da igual y molesta a muchos, ¿por qué no cambiarle el nombre?”, al que he contestado siempre “porque ellos quieren lo mismo, no otro nombre, y ¿quién soy yo para negárselo?”

Y es también a partir de esta premisa que se desmontan las reducciones al absurdo sobre tríos, incestos y otras combinaciones: no gozan en absoluto de aceptación social, no tiene sentido pedir que las sancione una sociedad que no las acepta.

2) Por otra parte, a cada argumento necio, tramposo o ridículo que han esgrimido los opositores me he opuesto con todas mis armas, porque las necedades, trampas o ridiculeces no pueden valer para un debate. Mis dudas sobre adopciones las he resuelto consultando a abogados que me confirmaron lo que ya sospechaba: el debate en ese aspecto se ha construido, de una y otra parte, sobre mimbres falsos.

3) No he leído ni escuchado, en las discusiones pre y post manifestación, ni un argumento medianamente convincente en contra del proyecto de ley. Ni por supuesto los he hallado en las pancartas que portaban obispos y fieles. Sin embargo, hay uno que no puedo desdeñar: la propia manifestación. Por malvada que nos parezca la postura de esos cientos de miles de españoles, lo cierto es que la sostienen con la convicción necesaria para salir a la calle a gritárnosla. Y, como he dicho, aquí se trata de aceptación social antes que nada.

4) La impresión de que nuestra sociedad está abierta a cambios legales como el que tramita el gobierno queda alterada inevitablemente. No es por tanto un disparate sostener que el presidente (no tanto porque en su día defendiera con tanto ardor el deber de escuchar la voz de la calle, sino más bien porque la cuestión es en sí de sensibilidad social), debería sentarse con estos fervientes opositores, escucharlos y tal vez poner algún parche a su ley (llegar, sí, a algún tipo de cutre término medio confusamente redactado que no deje contento a nadie: soy consciente de lo que digo). Mal que nos pese. Porque no es, insisto, una cuestión de derechos intrínsecos, fundamentales, inviolables, sino de un reconocimiento colectivo que no requiere unanimidad pero sí un consenso más o menos amplio.

Coda: esta línea de argumentación, que puede ser satisfactoria para aquellos dogmáticos que tengan por prioridad el impedir que se apruebe la ley sea como sea, debería ser en cambio inaceptable para aquellos que dicen oponerse en función de argumentos racionales.

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30 Comments:

Blogger Ignacio said...

Incumplo a sabiendas varias de mis reglas no-escritas: no opinar de actualidad, no traer cosas del foro...

Pero para eso están las reglas, ¿no?

7:11 PM  
Anonymous Juan Avellana said...

Ya sabes que soy torpísimo para los comentarios, Ignacio, pero esta vez no he podido aguantarme porque ya tenía ganas de leer algo sensato sobre el asunto. De acuerdo con tu planteamiento hasta la última coma. Yo lo veo igual. Unos y otros se pasan el día discutiendo sobre qué es lo natural y lo obvio en vez de partir de la base de que se trata de un acuerdo social: el caso es que no estamos descubriendo nada sino decidiendo algo. Y, justo como tú dices, creo que el gobierno se ha saltado una etapa: debería haber abierto el asunto al debate público durante un tiempo y *después*, oída la sociedad, haber hecho una proposición de reforma legal. Y lo estamos haciendo al revés: primero se hace la ley y luego, a escuchar el ruido de la bronca.

1:00 PM  
Anonymous Juan Avellana said...

(Por cierto, que hoy viene en el ABC un artículo interesantísimo de Álvaro Delgado-Gal que dice exactamente lo contrario que yo. Y que tú. Pero eso es lo que le hace tan interesante ;)

1:04 PM  
Blogger Ignacio said...

Vaya, Juan, (una alegría verte por aquí) pues he de confesarte que yo lo he escrito como un parcial mea culpa, porque me he pasado mucho más tiempo rebatiendo idioteces y ha llegado un momento en que los árboles (y qué raza de árboles: Polaino, Zerolo...) no me dejaban ver el bosque.

2:01 PM  
Anonymous Gin said...

Bueno, supongo que la ingenuidad era pensar que se iba a decidir algo de buenas a primeras, quiero decir, ¿no se sabía de antemano que iba a pasar esto? Me da la sensación de que han metido (no ustedes dos, eh) la cuchara en la olla nada más para removerla.

4:01 PM  
Blogger Portorosa said...

Pues yo no estoy de acuerdo con vosotros.
Sí creo que lo consideran un derecho suyo inalienable(no será igual que el derecho a la vida, pero los derechos inalienables también tienen grados). Y yo creo que el hecho de que su motivación a la hora de luchar por ese derecho sea un deseo de reconocimiento social, de normalización, no hace que dejen de verlo así, ni que sea menos derecho. Si la comunidad negra luchaba en Sudáfrica, aparte de por muchas otras cosas, por que hubiese una fuente común para todos en lugar de dos pegadas, una para ellos y otra para blancos, era también por una cuestión social. El agua era la misma, supongo, pero esa distinción tenía una importancia enorme, aunque fuese algo simbólico.
Que las mujeres, por ejemplo, luchasen (y no sé si el ejemplo es real) por poder vestirse con pantalones, por una cuestión de normalización social, no haría a su derecho más "relativo".

Que busquen su aceptación social no hace que su lucha deje de ser, al fin y al cabo, por lo que consideran un derecho. Y, por tanto, no puede negociarse; no puede depender, su concesión, de a cuántos les parece bien. Si es justo, se concede, haya oposición o no; si no lo es, no.
Lo del debate público tiene sentido a veces, pero no siempre. Este proyecto de ley se pone en marcha, a juicio del gobierno, como desarrollo de los derechos constitucionales. Y si el poder legislativo (representativo) lo considera fundado, tiene que salir adelante. Guste o no.

Hay temas que se pueden y deben consultar. Pero no todos. No creo que sea poco democrático decir que la aplicación de una ley, o su redacción como consecuencia de otras de superior rango, o el desarrollo de derechos reconocidos por nuestro ordenamiento jurídico, etc., no deben consultarse "a ver si gustan o crean malestar". A lo mejor también crea malestar que con los impuestos de unos se les paguen las pensiones a otros; pero creo que no importa.
A no ser, claro, que se pretenda revisar nuestros derechos fundamentales. Que también se puede plantear, pero no creo que sea el caso.

Gracias por soportar mi rollo. Probablemente me equivoque, u os haya malinterpretado.
Un saludo.

11:10 AM  
Blogger Ignacio said...

Es una cuestión de gallina y huevo. Está claro que una vez puesto sobre la mesa es difícil encontrar razones para decir que no: yo no las encuentro, ni me parece que las hayan encontrado, más allá de que no les da la gana, los que se oponen con tanto empeño.

Pero si no se hubiera planteado no pasaría nada, como no pasa en Francia, Inglaterra, Argentina o Australia.

Por eso no me parece que sea del todo un derecho, sino más bien una demanda razonable con un componente social, que debería caer por su peso más que forzarse.

8:00 PM  
Anonymous Gin said...

A mi me parece significativo que se dediquen a marear la perdiz a cuentas de si llamarlo matrimonio o no.

8:44 PM  
Blogger Ignacio said...

Sí, es triste verlos a todos repetir esa consigna como si se la creyeran.

Pero por otro lado, es cierto que hace falta valor para aceptar algo que uno rechaza con todas las vísceras sólo porque no encuentra razones que apoyen su postura. No sé si yo sería capaz; no sé si alguna vez me he agarrado a razones falsas para no cambiar mis aprioris: seguramente sí.

9:00 PM  
Anonymous Anonymous said...

Que fuerte, Ignacio, la tolerancia que destilan tus palabras, como por ejemplo estas dos perlas:

"Por malvada que nos parezca la postura de esos cientos de miles de españoles..."

"Me he pasado mucho más tiempo rebatiendo idioteces..."

Vale, tio. Quienes no opinan como tu son, a tu juicio, malvados o idiotas.

En fin... Patético.

1:21 AM  
Blogger Ignacio said...

Hay un principio básico que (por eso mismo) se da por hecho en cualquier discusión civilizada: las personas merecen tolerancia y respeto, las opiniones no.

Los de HB opinan que es lícito matar a los concejales que se les opongan, y ni todos los hombres del rey con todos sus caballos me impedirán decir que eso es repugnante y canallesco.

Considero malvada la postura de los manifestantes contra esta ley, sí. Y considero idiotas (torpes, pobres, inconsistentes) sus argumentos. Y estoy abierto a discutir sobre ello, aunque preferiría hacerlo con gente que se identificase.

9:41 AM  
Blogger Portorosa said...

Buena recogida de guante, señor.

1:50 PM  
Blogger La Oruga said...

Pese a persistir en el desgaste que este tema lleva ocasionado... ¡¡no puedo evitarlo!! :P

Desde mi punto de vista se trata de un derecho fundamental basado en la igualdad y no discriminación por motivos ya no tanto de sexo, que no es el caso, sino de lo que podríamos llamar una "condición o circunstancia personal o social" (artículo 14 de la CE).

Y estoy con usté, Ignacio, en que todavía está por ver que alguien me justifique su postura en contra con algo que no sea "es que no es lo mismo" (referido al matrimonio homosexual frente al heterosexual), osea, que me responda con argumentos en vez de con las vísceras.

12:03 PM  
Anonymous Roberto Zucco said...

Como me suele pasar contigo, suscribo punto por punto (y nunca mejor dicho) lo que has escrito.

2:25 AM  
Blogger Portorosa said...

"Porque no es, insisto, una cuestión de derechos intrínsecos, fundamentales, inviolables, sino de un reconocimiento colectivo que no requiere unanimidad pero sí un consenso más o menos amplio."
Pataleo: no estoy de acuerdo, no lo estoy en absoluto. Es un derecho, un derecho que además supone la aceptación OFICIAL de su condición, su normalización LEGAL; pero ante todo un derecho que debe hacerse valer y respetar.
Y, por tanto, no depende de que siente bien, o parezca adecuado a la sociedad. De ser así, cuántos derechos de cuántas minorías se quedarían sin aceptar.

11:06 AM  
Blogger Ignacio said...

Para discutir eso tendríamos que fijar primero qué es el matrimonio: con la definición a la que yo he llegado por desbroce, no me parece que pueda existir, como tal, un derecho al matrimonio.

No dudo de que exista el derecho a vivir la vida privada como se quiera, a no ser discriminado, incluso a no ser escarnecido si se quiere.

Pero el matrimonio yo lo entiendo como la escenificación de un reconocimiento: implica, por tanto, que el reconocimiento exista; al que no acepte mis costumbres privadas le puedo exigir que se guarde su rechazo en casa. Pero si me dirijo a él para pedirle aceptación, no está obligado a dármela. Y eso es, en el fondo, lo que se está pidiendo.

A partir de ahí, es cuestión de números: no se trata de pedir unanimidades, pero sí un consenso robusto. A mí me parece que el gobierno está bastante respaldado en este paso, que la sociedad está en condiciones de conceder este reconocimiento; sólo digo que la virulencia de la oposición obliga a no dar por hecho ese consenso tan fácilmente.

Pero, para vlver al inicio, eso depende de qué entendamos por matrimonio.

12:06 PM  
Anonymous zarevitz said...

Para discutir eso tendríamos que fijar primero qué es el matrimonio: con la definición a la que yo he llegado por desbroce, no me parece que pueda existir, como tal, un derecho al matrimonio.

Estoy contigo, pero desgraciadamente la Constitución recoge el derecho a contraer matrimonio. Y lo que es peor: según el Tribunal Constitucional, el Estado tiene derecho a discriminar a los matrimonios frente a las demás personas (de ahí que no sea inconstitucional que las personas casadas gocen de beneficios que los demás no tienen).

El problema, si sigues desbrozando, no sólo la definición de matrimonio sino el propio hecho de público, es que el Estado -al menos desde una perspectiva liberal, creo- no debería inmiscuirse en cómo y con quién viven los ciudadanos, y mucho menos para respaldar y oficializar un tipo de relaciones y otorgarle beneficios frente a personas que no están casadas.

Creo que el Estado debería abstenerse de toda regulación del matrimonio; me gustaría que el matrimonio tenga los mismos efectos que la primera comunión: profundos en lo personal e íntimo (para quien crea) pero inexistentes ante el Estado.

Soy consciente de que deberían repensarse muchas cuestiones jurídicas adyacentes, como pensiones, impuestos, nacionalidad, derecho a no declarar contra tu cónyuge,... pero ello no evita que lo deseable es que el Estado no respalde y privilegie una concreta forma de convivencia.

Desde esta perspectiva, el Estado debería limitarse a regular las relaciones paterno-filiales (cuestión para la que ya hoy es indiferente que exista matrimonio o no) y si acaso los derechos de los acreedores (probablemente reconduciendo estas situaciones a la comunidad de bienes).

10:22 PM  
Blogger Ignacio said...

Curiosamente hoy he pasado un buen rato enterándome de la llamada perspectiva liberal sobre el tema. Y sí, bueno. Es autocoherente, pero la sensación es que se queda en la hojarasca del tema.

El aspecto social, la petición de reconocimiento (que yo entiendo referida al entorno inmediato, no a un ente llamado "la sociedad", pero parece que otros muchos sí) no puede ignorarse.

No es una cuestión de beneficios fiscales. El matrimonio no es ningún chollo, de lo contrario muchos solteros nos casaríamos entre nosotros para acogernos a las ventajas: ocurre que no estamos dispuestos a asumir las contrapartidas. Simplemente no trae cuenta si no tienes un proyecto de vida en común.

La gente se casa porque quiere ser oficialmente una unidad, ir juntos por la vida, ser considerados pareja, que los inviten juntos a las fiestas.

Hoy he visto un capítulo de Sex & the city en que Carrie le dice a Miranda: you're my cynicism milestone: why do you want to marry?

Y la respuesta es clara: quiero decir mis votos en voz alta.

11:58 PM  
Blogger Portorosa said...

Sin ánimo de ser un coñazo, sobre todo porque no sé lo suficiente del tema:
Aparte de que la Constitución lo recoja, creo que estamos hablando, no del derecho al matrimonio simplemente, sino del derecho a la igualdad ante la ley, del derecho a no ser discriminado por razón -en este caso- de la orientación sexual. Y, como los demás pueden casarse, los homosexuales también.
Insisto en que creo que los consensos aquí no tienen nada que ver. Pero insisto humildemente.
Con respecto a lo que dice Zarevitz sobre la figura del matrimonio, "tradicional" o no(e insistiendo en que no sé del tema), creo que con su defensa el Estado lo que hace es favorecer (y sólo hasta cierto punto) una institución que, en principio, crea un entorno que favorece la procreación y proporciona, en teoría, un entorno más estable para los hijos. Esto se considera un asunto de interés general, y por tanto se protege. Me temo que no estoy de acuerdo con las ideas liberales, y creo que el Estado sí debe intervenir en este asunto, que ni mucho menos es algo que tenga únicamente consecuencias personales (como la Primera Comunión). Obviamente, esto no puede significar una situación abusiva de los solteros, pero tampoco creo que sea ésa la situación.

Un saludo.

9:05 AM  
Blogger Ignacio said...

El problema de considerarlo un derecho intrínseco es que nos lleva a reducciones al absurdo: ¿con qué argumentos nos opondríamos al modelo polígamo, o al matrimonio entre abuela y nieto? ¿al negarles el acceso al matrimonio, no los estaríamos discriminando, faltando a la igualdad?

(A mí no me importaría, que se casara quien quisiera con quien quisiera: pero no parece que haya acuerdo social, y esa es la única diferencia real que veo entre lo que se va a aprobar razonablemente y lo que no tiene pinta de aprobarse nunca)

12:16 PM  
Blogger Portorosa said...

Demostrando que mis advertencias sobre mi ignorancia no son falsa modestia, he de decirte que no sé qué pienso de eso. Efectivamente, se puede llegar a planteamientos que a mí me parece grotescos, pero para los cuales no tengo demasiadas razones que esgrimir, más que las convencionales (porque hablar de "contra natura" ya es algo muy tabú, ¿no?).
Creo -creo- que la única razón por la que algunas de las uniones que tú propones no se aceptan es, precisamente, que no se aceptan. Es decir, que ahí te daría la razón, al reconocer que a veces las leyes tienen que "esperar" por la sociedad (igual que otras veces ocurre lo contrario, que la sociedad las "empuja").
Creo, también, que éste es el primer paso en una dirección que, a no ser que la sociedad cambie mucho (con lo que te vuelvo a dar la razón), llevará a una libertad muchísimo mayor de lo que hoy nos imaginamos, y que admitirá como normales situaciones hoy estrafalarias.

De todos modos, como yo no tengo ni idea, supongo que hay quien nos podría explicar todo esto con claridad, y quizá nos dijese por qué unas cosas sí y otras no (yo le tengo "mucha fe" a Savater; ¿no habrá opinado sobre esto? Sí lo hizo Vargas Llosas, y me gustó).
Aunque supongo que habrá también quien, con igual claridad, nos diría que todo esto es, desde el principio, inadmisible.

Gracias.

1:16 PM  
Blogger Ignacio said...

Leí el de Vargas Llosa y lo encontré un poco decepcionante, mal enfocado y falto de rigor: servía más para rechazar el rechazo que paa otra cosa.

De lo que ha escrito Savater tengo referencia por esta dirección: http://cineypolitica.blogspot.com/ (lo siento pero no sé poner enlaces aquí).

1:52 PM  
Blogger La Oruga said...

Por si les sirve de algo, comentarles que el Código Civil prevé actualmente las circunstancias en las que no se permite contraer matrimonio civil, consanguinidad entre ellas, y ninguna hace referencia al caso de que ambos contrayentes tengan el mismo sexo. Así bien, ni hace falta modificar nada ni contraviene las normas existentes al respecto el permitir a los homosexuales contraer matrimonio.

Desde mi punto de vista, resulta uno de los tantos argumentos falaces utilizados en este tan desgastado debate.

10:33 PM  
Anonymous Ernesto said...

"Si no se hubiese planteado, no pasaría nada". Estoy "casi" de acuerdo con tu post, amigo Ignacio, pero no con esa apreciación tan sorprendentemente ligera viniendo de ti (y que no está en tu post, sino en un comentario). ¿No pasaría nada?. Pasaría lo mismo que venía pasando antes de que "se planteara". A saber (porque no vale hacer como si no se supiese): estigmatización, exclusión y marginación social (rechazo), discriminación (no igualdad ante la ley, por razón de sexo) y restricción del ejercicio de ciertos derechos de ciudadanía (ciudadanía incompleta), gueto, invisibilidad, murmuración, caricatura, indignidad, humillación. Y paro ya, pero podría alargar la lista. Sólo quería decir esto. Lo demás, está todo dicho. Un abrazo.

8:50 PM  
Blogger Ignacio said...

Pues me parece que vas totalmente descaminado, Ernesto. Seguirá habiendo discriminación, caricaturas, incomprensiones... y apertura, libertad, naturalidad, exactamente igual que antes de aplicarse esta ley. Que las leyes no cambian a la gente, que no funciona así.

Una ley vale para lo que vale, y no es poco. Pero no me trago que nadie con una mínima capacidad de análisis vea en esto un antes y un después, que nadie se trague el estomagante discursito del presidente sobre decencias.

Decentes somos cada uno lo que podemos o nos da la gana, exactamente igual que si no se hubiera planteado esta reforma. Como no se ha planteado (y no pasa nada, insisto) en Chequia, ni en Luxemburgo, ni en Nueva Zelanda, que son paises la mar de decentes.

11:50 PM  
Blogger Portorosa said...

¡Pues aquí estoy de nuevo!

Después de pensar, he de decirte que creo muy probable que, a la larga, y si el rumbo de nuestras mentalidades no da un vuelco, no se vea impedimento a (casi) ningún tipo de matrimonio, siempre que sea libre (consciente y voluntario) por ambas (o más...) partes.
Y digo "casi" porque no sé si el incesto se llegará alguna vez a admitir; y que conste que su origen es sin duda un asunto de limpieza y diversificación genética, y nada tuvo que ver con razones éticas/morales.

Y, al hilo de los dos últimos comentarios vuestros, creo que las leyes sí cambian a la gente, sí cambian a la sociedad. En nuestro fuero interno, si tenemos capacidad de análisis y tratamos de pensar con sentido común nada debería cambiar; pero en la práctica, dado que esas premisas no suelen darse, sí cambia. Ser legales hace a ciertas cosas respetables, al menos para una mayoría. Y creo que éste será un caso.

En todo caso, es un placer.

10:37 AM  
Anonymous Vsadnik said...

¿Luxemburgo un país decente? En fin, yo, que lo conozco bien, no lo denominaría precisamente así.

12:25 PM  
Blogger Ignacio said...

Jajaja, con este público selecto (sinónimo de escaso) y multinacional que nos gastamos hay que tener cuidado con los ejemplos.

Yo de Luxemburgo sólo he conocido a un individuo, y estaba exiliado en Suiza porque en su tierra se aburría (!!!!).

Luego está Wanderley, que es otro triste.

3:59 PM  
Anonymous Vsadnik said...

Normal que se aburriera. Yo pasé allí tres años y al final el cielo pesaba sobre la cabeza. Un país donde aprendí a escuchar el silencio en plena ciudad, donde los niños no lloraban ni los perros ladraban. De pánico.

Si me refería a lo de la "decencia" es porque Luxemburgo, aparte de tener en la zona de la estación unos prostíbulos multinacionales muy afamados (viene gente de otros países por el material), es el país con la renta per cápita más alta de Europa gracias a su condición de paraíso fiscal. Se aprovecha, muy discretamente, eso sí, de las evasiones fiscales de alemanes, franceses y belgas, principalmente. Es como un piojo gordo en el corazón de Europa que saca tajada de todo: Instituciones Comunitarias, bancos, gestión de fortunas... Allí he visto los bancos más raros y sospechoss que pueda haber.

Eso sí, es un país muy decente de fachada. La delincuencia es mínima y los burguis de buena familia van a misa todos los domingos forrados de pasta y vestidos con raídas ropas de los años cincuenta.

12:45 AM  
Anonymous Vsadnik said...

Y disculpe, Ignacio, que haya cambiado de tema. Es que su comentario me llamó la atención, sólo eso.

Saludos

12:46 AM  

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