Friday, May 06, 2005

Observaciones nimias

La primera hora de la mañana favorece el escrutinio de uno mismo en su versión menos autoconsciente. Reducidas las funciones cerebrales al mínimo, limitado a la ejecución de acciones automatizadas, a veces logra uno sin proponérselo esa separación, ese salirse del yo y mirarse desde fuera que para las religiones orientales constituye, tengo entendido, el logro final.

Lo que a ese ojo le es dado observar es, claro, un bulto soñoliento sin mayor interés psicológico, un ser que se agota en sensaciones epidérmicas, pero qué diablos, bastante autoanálisis tenemos ya en esta vida.

Esta mañana me he levantado muy pitañoso: a los pelirrojos se nos ponen los ojos imposibles, por esta época. Entre que encendía la cafetera y sacudía la borra de la cazoleta –pie al pedal, tres golpes secos al borde del cubo, pedal abajo- he arrancado una pieza del rollo de cocina y me he rebañado la humedad peguntosa de los ojos. Con el papel arrugado en la izquierda he puesto el café; en la encimera suelen quedar restos de agua amarronada del goteo inevitable. Sin pensar, he pasado para limpiarla el papel que tenía en la mano.

Fulminante, inesperada, me ha venido una sensación de asco, de error, de transgresión casi. Como si la secuencia temporal no importara, como si ese agua sucia hubiera entrado en contacto con mi ojo. Un momento después, con la cafeína activando el cerebro, me parecerá una bobada, y ahora que lo escribo, una boutade, un juego más con las palabras. Mejor así: no soy irracionalista, nunca he pensado que haya vida posible fuera de nuestros esquemas de tiempo sucesivo y espacio reversible, causa y efecto, acción y reacción. La tentación –innegable- de hacer una morelliana con esto (ahí, pero dónde, cómo) la resisto con facilidad. No es mi palo, por así decirlo. Pero a pesar de todo quién me dice a mí que mi cuerpo adormilado se equivoca, que ese repeluco no es más cierto que todas las construcciones que me sustentan.

3 Comments:

Anonymous Anonymous said...

:-)))))))

El colmo de hacer cosas sin saber que las has hecho, te viene de la mano con los bebés. Algunas mañanas —dos, tres— amanece un bebé en la cama, en mitad de la cama, con el pañal seco, comido, satisfecho, y el camisón lo lleva una arrugadín bajo el cuello, tiene un pecho fuera y el mamoncete tiene restos de leche en la comisura de los labios.

Aquí han fumao.

Pero, ¿quién?



(mobilette)

11:20 PM  
Blogger Ignacio said...

Qué tierna estampa ;-)

¿Y esa alergia, cómo va?

12:03 AM  
Anonymous Anonymous said...

Mucho mejor, gracias :-))) Ya puedo hablar en voz alta y cuando no, tener la boca cerrada. Ahora mismo a cantar.

12:23 AM  

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