Friday, March 18, 2005

La manada

Ayer, almorzando en un sitio del centro, escuché un par de ráfagas de conversación de otra mesa. Era un grupo de cinco o seis mujeres, maestras creo; estaban poniéndose de acuerdo para dejar de lado a otra, ausente, en no sé qué acto oficial. La sesión de despelleje debió ser completa; los pecados que pude distinguir: darse aires, ponerse chaquetas fashion...

Sin saber nada del asunto, ni ganas, me sentí de parte de la ausente. Hay algo realmente asqueroso en esas maniobras de exclusión, en ese hacer piña contra el que es distinto. En una primera aproximación podríamos hablar –y no nos equivocaríamos- de envidia, de ese triste afán de la mediocridad por engullirlo todo y machacar lo que no se deja. Seguramente la excluida es más guapa, más agradable, más fina y estilosa que ellas (las vi al salir: valiente colección de loros de todas las edades). Pero no es tan sencillo. Podría ser un grupo de pijas ridiculizando a una que no cumple con sus códigos, o –como en el estupendo poema de García Montero que nos trajo el Sr. D- de una mujer libre y gozadora fustigada por las pudibundas.

Es algo más general, es el instinto de manada, la necesidad de pertenecer. Estoy seguro de que alguna de las conjuradas, dejada suelta, no encontraría motivos para odiar a la supuesta enemiga; pero nunca valoraremos lo suficiente la fuerza centrípeta de esos grupos de presión: alimentada de inseguridades, ambiciones y rencores, es capaz de aniquilar a personas que están muy por encima de ello, precisamente porque lo están.

A mí me da pánico.

6 Comments:

Blogger Sr. D said...

Bueno. Tiene usted parte de razón. En otros casos, posiblemente con plena conciencia y con afán de notoriedad, hay quien busca con ahinco ser expulsado del grupo. Como entar en el East India Club vestido de Gilda y pretender no solo que me franqueen el paso, sino que, además, me nombren Chairman.

5:50 PM  
Blogger La donna è mobile said...

Arriesgar un motivo es imposible, pero puedo anticiparle que es más que posible que a la excluída se la haya pillado en algún renuncio gordo. Después, las chaquetas fashion, darse aires o cualquier otra cosa es una excusa tan buena como cualquier otra para darla de lado, y ahorra a la manada tener que entrar en juicios de valor más profundos, catarsis e historias comprometidas que dejarían a más de una con el culo al aire. Así se apoyan las unas a las otras sin necesidad de despeinarse demasiado.

Lo he visto muchas veces.

7:17 PM  
Anonymous Gin said...

Siempre he odiado los grupos y las pandillas.

7:41 PM  
Blogger Ignacio said...

La exclusión más repuganente que recuerdo fue la que un jesuita intentó que practicáramos cuando éramos críos. Jugad con el pobre XXXX y no le deis de lado -nos dijo, sutil e invertido- aunque sea becario.

Veo que no ha salido el enlace al poema; a ver si lo arreglo.

8:20 PM  
Blogger Ignacio said...

El repugnante de ahí arriba me ha salido con voz de curilla, qué cosas.

9:10 PM  
Blogger DaliaNegra said...

Tienes razón, tanto la jauría destripando a la ausente como la escena con jesuita son verdaderamente repugnantes.Tu post me ha gustado mucho.Un saludo

2:58 PM  

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