Tuesday, December 14, 2004

Oído

Seguramente hace falta ser inglés, y desde luego tener la inmensa cultura y el oído maravillosamente afinado de Cyril Connolly, para detectar y aislar la tremenda carga de profundidad que guarda el villancico mil veces cantado:

La nochebuena se viene,
la nochebuena se va;
y nosotros nos iremos
Y no volveremos más.

Mi agudeza auditiva se orienta hacia otro rango de frecuencias; esta mañana, canturreando una vieja sevillana, me he dado cuenta de repente de la crueldad monstruosa de la letra:

Me casé con un enano, salerito,
pa jartarme de reir.

Pa jartarme de reir,
le puse la cama en alto,
ole salerito y ole,
le puse la cama en alto, salerito,
y no se pudo subir.

Y eso sí que fue de veras,
que al bajarse de la cama,
ole salerito y ole,
que al bajarse de la cama, salerito,
se cayó en la escupidera.

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