Thursday, November 04, 2004

Catálogo de envidias, VI

En este caso no sé que admiro/envidio más, si el lenguaje sabrosísimo y la frase exacta (el lenguaje exacto y la frase sabrosísima) o que hiciera lo que todos hemos querido hacer alguna vez:

Ahora me recuerdo que, saliendo una tarde del general de Teología, abochornado de argüir, un reverendo padre y doctor a quien yo miraba con algún enfado, porque era el que menos motivos tenía para ser mi desafecto, le dije:
-Y bien, reverendísimo, ¿es ya lumen gloriae tota ratio agendi, o no? ¿Dejaron decididas las patadas y las voces esa viejísima cuestión?
-Vaya noramala -me respondió-, que es un loco.
-Todos somos locos –acudí yo-, reverendísimo: los unos por adentro y los otros por afuera. A vuestra reverendísima le ha tocado ser loco por la parte de adentro y a mí por la de afuera, y sólo nos diferenciamos en que vuestra reverendísima es maniático triste y mesurado y yo soy delirante de gresca y tararira.

Volvió a reprehender con prisa y con enojo mi descompostura; y, mientras su reverendísima se desgañitaba con desentonados gritos, estaba yo anudando en los pulgares unas castañuelas con
bastante disimulo, debajo de mi roto manteo; y, sin hablarle palabra, lo empecé a bailar, soltando en torno de él una alegrísima furia de pernadas. Fuimos disparados bastante trecho: él menudeando la gritería con rabiosas circunspecciones y yo deshaciéndome en mudanzas y castañetazos, hasta que se acorraló en otro general de las escuelas menores, que por casualidad encontró abierto.


Es Don Diego de Torres y Villarroel, el libro de su Vida. Léanlo todos, es una orden.

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