Sunday, September 05, 2004

El mal

Minas antipersona. Alguien como yo las entierra y las arma para que tiempo después un perfecto desconocido salte en pedazos.

Normalmente están escondidas y se activan al pisarlas. Pero las hay especializadas. Para niños. La parte que sobresale tiene forma de juguete.

En una fábrica, en alguna parte del mundo lejos de allí, alguien como yo diseña ese tipo particular de bomba. Se esmera en su trabajo: el juguete ha de ser atractivo, para que el niño quiera cogerlo. ¿Qué colores le resultarán más deseables? ¿qué accesorios, luces, alerones plateados llevará el cebo para que se vea desde lejos?

Durante mucho tiempo, esta imagen (que debo a Juan Luis Cano) me ha parecido el ejemplo más insoportable de maldad.

Ya no. Desde ayer, hay un tipo como yo que ve a un niño correr, apunta y dispara. Baja el arma sólo un segundo, la vuelve a levantar, elige a otro niño…

¿De dónde sale nuestra raza maldita, de qué estamos hechos?

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