Monday, September 13, 2004

Autenticidad

Es curioso que aun estando de moda (de modo bastante inconsistente) el mestizaje, la palabra siga conservando su carga positiva intacta y sea de uso corriente, en medio del montón de cadáveres que el desgaste coloquial va dejando entre las palabras de elogio (ya nadie dice excelente, magnífico, estupendo). ¿Qué se quiere decir cuando se alaba algo por auténtico? Pues eso, que es genuino, igual a sí mismo, lleno del carácter de lo suyo propio, que no quiere parecer lo que no es. Y aunque nos podamos poner exquisitos y recordemos que eso no tiene por qué ser bueno –que se puede ser un auténtico hijo de puta-, lo cierto es que no podemos sustraernos a la sencilla verdad que hay detrás de la expresión: lo auténtico está bien.

Viene esto a cuento de lo siguiente. Este verano, en la feria de Córdoba, en medio de una conversación a gritos entre el bullicio de una caseta grande, N. y yo nos quedamos a la vez parados como perros de caza, acechando algo que sonaba diferente al flamenquito de fondo. Una voz de niña canalla y sabia, con pellizco propio, algo que merecía la pena escuchar. Nos miramos en busca de una confirmación innecesaria (jo, tenéis los mismos gustos, nos dijo una indescriptible cordobesa con nombre de infanta antigua que merecería un comentario aparte) y guardamos en el archivo el estribillo, fácil de recordar.

Gran disgusto a la vuelta: la canción estaba en todas partes, se descargaba en los móviles (teclea Politono Malo), la promocionaba Sardá y –horror- iba de malos tratos. Nos había atrapado un producto de marketing de lo más evidente. Y sin embargo… por más rabia que me diera, me seguía gustando. Haciendo abstracción del asqueroso oportunismo del tema, quedaba una voz tremendamente expresiva, carnosa, turbadora, que cambiaba en un instante de chiquilla mimosa a furia milenaria –ese Pa cobrarme las heridas que te cruza la cara como un latigazo…

Y por una vez, la Historia vino en mi auxilio, en forma de una amiga de mi hermana que llevaba años siguiendo a Bebe de sala en sala, en Madrid, y contándole a todo el mundo de ese pedazo de cantante que por injusticias del mercado no acababa de salir. Indignada, claro, de que la hubieran lanzado aprovechando la historia de los malos tratos. Je. Lo que necesitaba yo para reconciliarme. Anteayer escuché el disco entero, en el coche de mi hermanito: tiene defectos, le sobra poesía barata y da un poco impresión de cajón de sastre, pero esa voz, ese quejidito irresistiblemente sexual, esa manera de decir que se te mete en las entrañas valen oro. Y no se improvisan con material de casting o concurso: más allá de gustos personales, lo que está claro es que la Bebe es mu auténtica. Más que Estopa, y mira que me gustan a mí esos dos golfos.

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