Tuesday, August 17, 2004

Juegos

El otro día, M. en televisión: en un microrreportaje de relleno veraniego, sobre las Tres Culturas, a ella le preguntan por el mudéjar. Seria, convincente, segura (y guapísima, pero eso no hace al caso), señala alfices y ajimeces en la fachada de una casa noble. Un minuto apenas, pero me da tiempo a distinguirle la sonrisa levemente escéptica, la limpia carcajada contenida.

La amistad es (también) selección natural. No es que nos juntemos sólo con los que son iguales que nosotros, pero sí que hay ciertas afinidades profundas que acaban determinando las elecciones. A mí me gusta (e imagino que será mutuo) la gente incapaz de tomarse del todo en serio. Nos pasamos la carrera riéndonos de lo solemne que se iba poniendo la gente, exagerando incluso la nota de zafiedad y desdén por no parecer "uno de esos"; todavía me cuesta creer que hayamos llegado a hacer cosas de mayores, que la gente nos haga caso: si no es más que un juego...

Sentado en reuniones a cara de perro me he encontrado a menudo estudiando, con más interés que el asunto en cuestión, los vicios verbales del concejal (no voy a acceptar, dice) o el acento raro (¿Madrid Sur, Carabanchel Alto?) del tipo que viene de la Gran Empresa Nacional; aunque eso no quita, claro, para que llegado el momento me ponga hecho una furia defendiendo mi postura, la postura que en el juego me haya caído en suerte. Y me pregunto (porque como confío en que no se me note es lícito pensar que a otros tampoco) si todo el mundo, en todas las mesas de reunión, se sentirá igual, si no bastaría con que uno cualquiera se pusiera a canturrear en voz baja para que otro le siguiera el compás con el bolígrafo en sordina sobre esos portafolios de cuero que ponen siempre y acabáramos todos bailando sobre la mesa I will survive.

Difícil saberlo: creo que hasta el día de jubilarme seguiré alimentando el temor a que se den cuenta de que me he colado en la fiesta de los mayores con un carnet falso. Y rastreando en los amigos el semioculto ademán sandunguero que me diga que están conmigo aún, que aunque los saquen en televisión o los hagan ministros se seguirán riendo por lo bajini de los que no saben jugar.

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