Tuesday, July 13, 2004

Amores a primer oído, V

En casa de M.M., que a nuestros 18 años tenía lo que se me antojaban todos los discos del mundo (por una de esas injusticias cósmicas, era su novio J.A. el que tenía fama de saber de música, cuando lo había aprendido todo de ella) escuché The heart of Saturday night, ese disco primerizo de Tom Waits que ahora parece una rareza porque aún no tenía la voz desollada que se ganó después.

Hubo un tema, San Diego Serenade, que me robó el corazón al instante; era el menos negruno del disco, el más melódico. Para M., en aquel momento suyo, el menos interesante de un disco que tampoco le interesaba tanto. Me puse tan pesado (play it again... and again and again) que me lo regaló. No me ha abandonado nunca; hace poco me compré el CD.

Never saw the morning till I stayed up all night
Never saw the sunshine till you turned on the light
Never saw my hometown till I stayed away too long
Never heard the melody until I needed the song


El piano borracho y alunado, lento, solemne como el himno de una patria perdida. La cantinela obsesiva desde allá donde las cosas no deberían importar pero se clavan igual.

Never saw the white line, till I was leving you behind
Never knew I needed you until I was caught up in a bind, babe
Never spoke "I love you" till I cursed you in vane
Never felt my heart strange until I nearly went insane.


(Otro ritual olvidado, el de sacar las letras de las canciones poco a poco, boli en mano y con la cabeza crispada en una torsión maniática, volviendo atrás una y otra vez la aguja hasta desentrañar la palabra imposible o inventársela con arte. Los niños de Napster y Google jamás entenderán esto.)

Never saw the East Coast until I moved on to the West
Never saw the moonlight until it shone off of your breast
Never saw your heart until someone tried to steal it away
Never saw your tears until they rolled down your face.

Labels:

0 Comments:

Post a Comment

<< Home