Friday, July 09, 2004

Algunos hombres buenos

No me gustan los militares. Nunca me han gustado.

Me da miedo su culto de la obediencia ciega, me irrita que cifren su orgullo en las mismas cosas –respetar la ley, obedecer a la autoridad, no apoderarse del gobierno por la fuerza- que los demás ciudadanos hacemos sin más. Me inquieta que sean capaces de matar sin remordimiento, profesionalmente (o que se lo planteen siquiera). Me horripilan la camaradería, los uniformes, los códigos de saludos.

Su retórica... dios mío, no soporto esa retórica sensiblera, ampulosa, autosatisfecha, esas Mayúsculas, ese hincharse la vena del cuello, ese patriotismo autista y autorreferente.

Y luego está el honor, esa trampa. El honor es estéticamente hermoso, sentimentalmente irresistible y moralmente peligroso. Tengo un problema con el honor, me repele y me atrae, pero en todo caso es un problema teórico que sólo se daría como tal si el honor se manifestase en alguna ocasión en estado puro: en mi experiencia, y fuera de las novelas, no suele ser más que una susceptibilidad de quinceañera, una histérica atención a nimiedades.

No me los creo, además. Detecto mucha hipocresía en su discurso, mucha doble moral. Si valorasen la lealtad como dicen, no sentirían otra cosa que odio africano por unos traidores despreciables como Armada o Milans, no hablarían sino con disgusto de un delincuente como Rodríguez Galindo. Y no es así. Ni mucho menos.

(Y si Pinochet tuviera ese alto sentido del honor que se supone es la marca del militar no se habría escondido como una rata cobarde tras un certificado médico para eludir el juicio.)

Abomino, entiéndase, del pacifismo simplista; me gustaría, como a (casi) todos, que no hubiera ejércitos, pero creo que estamos lejos aún de esa posibilidad: si los más civilizados renunciáramos a defendernos duraríamos cinco minutos.

Soy consciente también de que los militares españoles, después de la monstruosa charlotada del golpe fallido, han dado más motivos de satisfacción que de disgusto. Y por supuesto no ignoro que muchos son excelentes seres humanos (inevitablemente será lo que tengan de militar lo que menos me atraiga de ellos).

Creo que en A few good men se planteó con bastante limpieza (para los estándares de Hollywood) el nudo moral que plantea la existencia de los militares. Y me pareció un acierto el argumento final a su favor: "¿Por qué te gustan?" "Porque velan mientras dormimos".

Pero a mí no me gustan, ni me van a gustar nunca.

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