Thursday, June 17, 2004

Blanco y negro

España-Italia, I

En una novela del comisario Montalbano aparece de pasada un personaje que me ha dado pie a una reflexioncilla: se trata de un viejo fascista que se lo creyó todo, que luchó en España, en Abisinia, en el norte de África; que pasó años de prisión en Texas negándose a colaborar, que no había sacado un duro en los años de poderío mussoliniano y seguía, a los ochenta años, fiel a sus ideas (ridículamente avergonzado de que los suyos pactaran ahora con ladrones).

Montalbano le pregunta un día: "Pero usted, de haberse dado así las cosas, ¿habría luchado en Salò junto a los alemanes y los restos bochornosos del régimen?"
A la pregunta había visto al viejo como engurruñirse desde dentro, las arrugas del rostro se habían multiplicado mientras la mirada se hacía nublosa. Entonces había comprendido que esa pregunta se la había planteado él mismo millares de veces, y nunca había sabido darse una respuesta.
Me he acordado de Soldados de Salamina, del final en clave heroica que en su momento toleré con reticencia pero cada vez me irrita más. Cercas no habría sido capaz (o tal vez sí, pero no habría querido comprometer el éxito) de introducir la duda que envenena la mirada atrás, el valor de no contarse milongas o al menos la resistencia a crérselas. El Soldado del Pueblo que dibuja Cercas no puede permitirse mirar atrás con sinceridad, o se desmoronaría.

¿Necesitamos tanto los españoles dibujarlo todo en blanco y negro, trazar inmediatamente dos bandos y elegir? ¿Tanto miedo nos dan los matices?

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