Sunday, June 20, 2004

Amores a primer oído, II

Para ti, que estás de morros esta noche,
que descubres los secretos de tu cuerpo,
que sonrojas tu nariz casi queriendo,
que eres un gran aprendiz de seductor.

Para ti, que debiste nacer en Frisco,
que te rascas, pensativo, la melena,
que calculas un placer remunerado,
que te ves, poco a poco, generador.

No recuerdo bien dónde la escuché por primera vez (y esto es un serio contratiempo si hablamos de flechazos musicales). Debió ser en la radio, porque sí que recuerdo el paciente acecho (la cinta virgen preparada en el radiocasette) para hacerme con ella. Siempre he sido muy dado a la falsa nostalgia: me gusta más echar de menos lo que no conocí (la llanura dorada de Woodstock, hierba, amor libre y la voz de Janis adentrándose en el corredor de la muerte; el barco de Sid Vicious lanzando a los vientos su bofetada extraterritorial; el dolor sublimado en belleza absoluta del último recital de Judy, más allá del arcoiris…).

Para ti, de Paraíso, me entregó desde el primer momento la llave de ese mundo que se ha venido a llamar la Movida y que me perdí por un par de años y quinientos kilómetros (tardes y tardes en casa de Q. viendo una y otra vez su copia casi ininteligible de Laberinto de Pasiones, aprendiéndonos de memoria los diálogos: jamás mezcles Vitopens con Benzamuro).

Una gran canción es una combinación mágica y tal vez fortuita de elementos; no necesita, por ejemplo, una letra de altura: aunque en ocasiones toque el cielo con los dedos, los versos del Zurdo son con más frecuencia ramplones o pedantes, y casi siempre enternecedoramente ingenuos, pero su efecto, en ese envoltorio de pop genuino y leve que sería sofisticado si no sonara a lata, es irresistible.
Para ti tiene razón todo un estilo,
Toda la locura de los locutores locos,
Todo el cadenaje que enmudeció a virtuosos,
Toda la energía de ese motor que estalló.

Es una mirada sobre esa sensación irrepetible de tener el mundo por delante, de ser capaz de cualquier cosa, de que la vida se va a plegar siempre a nuestros deseos; pero cuando la escuchamos pasados los años se vuelve autorreferente: eran el cantante, el grupo, su público los que tenían ante sí el futuro como una hoja maravillosamente en blanco.Y saber en lo que acabó esa promesa, en lo que acaban todas le añade un poso de tristeza insoportable.
Para ti, que sólo tienes quince años cumplidos;
para ti, que no desprecias ningún plato lindo,
para ti, que aún careces de prejuicios bobos,
para ti, lleno de infantil egoísmo de lobo.

Para ti, que vas a caballo del fin del mundo,
para ti, que ves las Cortes como cine mudo,
para ti, que comprobarás lo que otros han dicho
para ti, queremos hoy crear el Paraíso.

(Años más tarde, en un programa que hacía Paco Clavel reconocí esa vibración única: era En cualquier fiesta, himno agridulce de despedida que no he vuelto a oir; mejor así.)

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