Tuesday, May 25, 2004

El reaccionario ineludible (II)

Mientras otros soslayan las arbitrariedades e inconsistencias para quedarse con los hallazgos, Cioran se atreve a mirarlas de frente para entender al personaje. El irascible rumano lee y comenta con fruición las enormidades fundamentalistas que profiere el Senador, los expeditivos no-argumentos con que se saca de encima las objeciones. Les encuentra incluso una coherencia última: el fanático, el que no deja que las minucias le inquieten porque sabe la Verdad, es más sincero que quien hace malabarismos conceptuales para conciliar lo que a la postre no tiene conciliación posible.
Una fe que admite otras, que no cree disponer del monopolio de la verdad, está condenada a la ruina, abandona el absoluto que la legitima para resignarse a no ser más que un fenómeno de civilización, un episodio, un accidente. El grado de inhumanidad de una religión garantiza su fuerza y su duración: una religión liberal es una bufonada o un milagro.
El cardenal Martini, la cara amable del catolicismo actual, publicó unos diálogos hipercivilizados con Umberto Eco que eran todo respeto mutuo y tolerancia. Pero llegado a cierto punto (ni siquiera un punto muy central de la doctrina: se hablaba de la negación del sacerdocio a las mujeres) y en cuanto Eco aprieta un poco las tuercas, el prelado humanista recurre al misterio; esa exclusividad masculina, literalmente:
…no puede estar basada en razones abstractas o apriorísticas, sino en algo que atañe a su propio misterio. El mismo hecho de que las razones aportadas a lo largo de los siglos para ordenar sacerdotes sólo a los hombres no puedan hoy ya proponerse, mientras la praxis misma persevera con gran fuerza (…), nos advierte de que nos hallamos, no ante razonamientos simplemente humanos, sino ante el deseo de la Iglesia de no ser infiel a los actos salvíficos que la han generado y que no se derivan de pensamientos humanos sino de la propia actuación de Dios.
He aquí, orgullosamente desnudo, el verdadero esquema mental de los creyentes. Si el razonamiento no sirve en último extremo, es que no sirve en absoluto: no es más que una concesión a las maneras del mundo, un gesto blando y civilizado que permite pasar una tarde en educada charla con no creyentes.

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1 Comments:

Blogger Sartine said...

Ignacio, de lo mejor que había visto sobre el límite de lo religioso, o porqué no puede ser racional.
Gracias (Copio y cito)

2:03 AM  

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