Monday, May 03, 2004

El gurú

Hace unos días, el gurú contestó en el periódico local al magnífico artículo de M.E. que firmamos todos. Desde el arranque con elogios a su "queridísima amiga" hasta las estentóreas mayúsculas del final, todo traicionaba el orgullo herido, el resquemor de quien se ha visto alcanzado en lo más sensible. El título debía de haber sido Pero, ¿cómo se atreven?, porque no era otro el contenido; y qué ironía tan baja, tan de patio de colegio... Cada ciudad tiene los próceres que se merece, y el que este charlatán de feria sea nuestro árbitro moral y estético es un índice muy revelador.

A los cinco minutos de leerlo tenía redactada, casi por automatismo, una réplica demoledora. Después de años de batirme el cobre a diario con Jacobus, Simpson o Foster, la verdad es que el gurú me resulta bastante endeble como rival dialéctico.

Pero el hecho es que manda mucho (todavía me sorprende la veneración con que hablan de él y de su pico de oro personas que deberían tener criterio, que lo tienen de hecho en otros temas), y por lo que he podido ver es bastante soberbio y rencoroso. Me envainé la respuesta antes incluso de pedir un consejo que ya sabía en qué sentido iba a ir. Al fin y al cabo no es más que orgullo, y ahora mismo no me conviene hacerme un enemigo de ese calibre. (Además, me digo refunfuñando para convencerme, el periódico es suyo, no me la habrían publicado).

¿Es esto la madurez? Pues qué tristecillo...

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