Monday, May 31, 2004

Primera evaluación

En estos meses, mientras iba escribiendo a mi aire, he estado leyendo unos cuantos blogs (no muchos, confesaré: me cuesta entrar en tantos mundos distintos). La conclusión evidente es que no estoy aprovechando nada bien las posibilidades de este medio: los blogs que me gustan están primorosamente diseñados, trufados de fotos, enlaces y referencias, viven más pegados al día a día y son en cierto modo (sobre todo los españoles) nudos de una mini red dentro de la red global en que todos se conocen y comentan.

Lo mío va por otro lado y yo lo sabía cuando empecé, pero eso no quita para que haga un esfuerzo adaptativo. El tema de diseño está complicado, porque tengo una plantilla predeterminada y ni la menor idea de cómo manipularla (estoy, por ejemplo, metiendo los títulos en negrita como parte del texto porque me horroriza el titulazo en marrón que me dan de serie). Me encantaría hacer cosas como las de Efimera o la añorada Eva de Evasivas, que recortaba cada día un objeto rojo sobre blanco, pero si uno no domina el medio son ganas de romperse la cabeza contra una pared. A ver si doy con alguien que se siente conmigo a trastear.

Los enlaces dentro del texto los descuidé desde el principio porque el botón no me funciona, aunque ya he aprendido a ponerlos a mano; el problema es que si escribo sobre Platón me parece una obviedad dirigir al lector a una página biográfica; sí que podría utilizar la cosa de manera digamos creativa, por ejemplo con Pascal. Los enlaces laterales a otros sitios: tendrán que aumentar en número, pero no quiero una lista indiscriminada; recomendaré sólo cosas que leo y me interesan.

Hace poco encontré la manera de pegar fotos, y por ahí sí que puedo y me apetece entrar, aunque trataré de no convertirme en el pelmazo que insiste en contarle de punta a cabo sus viajes a todo el que se encuentra.

En cuanto a los comentarios, no sé si desprenderme de los que tengo (Haloscan) y activar los de casa, que imagino será un sistema más fiable. La verdad es que no pierdo casi nada, pero como son tan poquitos les tengo cariño.

Sunday, May 30, 2004

Texturas



Perugia, primavera de 2004

Friday, May 28, 2004

Patrimonio


Estoy viendo en la tele la escena del transatlántico en Amarcord. Una maravilla tan absoluta no puede pertenecer (sólo) a Fellini, como las Bodas no son sólo de Mozart. En esos momentos privilegiados está, cristalizado de alguna forma, lo mejor del ser humano, y por tópico que sea no puedo dejar de pensar que eso y sólo eso es lo que podremos presentar ante los tribunales superiores -cósmicos, divinos- que vengan a decidir si merecemos o no la pena.

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Tuesday, May 25, 2004

El reaccionario ineludible (II)

Mientras otros soslayan las arbitrariedades e inconsistencias para quedarse con los hallazgos, Cioran se atreve a mirarlas de frente para entender al personaje. El irascible rumano lee y comenta con fruición las enormidades fundamentalistas que profiere el Senador, los expeditivos no-argumentos con que se saca de encima las objeciones. Les encuentra incluso una coherencia última: el fanático, el que no deja que las minucias le inquieten porque sabe la Verdad, es más sincero que quien hace malabarismos conceptuales para conciliar lo que a la postre no tiene conciliación posible.
Una fe que admite otras, que no cree disponer del monopolio de la verdad, está condenada a la ruina, abandona el absoluto que la legitima para resignarse a no ser más que un fenómeno de civilización, un episodio, un accidente. El grado de inhumanidad de una religión garantiza su fuerza y su duración: una religión liberal es una bufonada o un milagro.
El cardenal Martini, la cara amable del catolicismo actual, publicó unos diálogos hipercivilizados con Umberto Eco que eran todo respeto mutuo y tolerancia. Pero llegado a cierto punto (ni siquiera un punto muy central de la doctrina: se hablaba de la negación del sacerdocio a las mujeres) y en cuanto Eco aprieta un poco las tuercas, el prelado humanista recurre al misterio; esa exclusividad masculina, literalmente:
…no puede estar basada en razones abstractas o apriorísticas, sino en algo que atañe a su propio misterio. El mismo hecho de que las razones aportadas a lo largo de los siglos para ordenar sacerdotes sólo a los hombres no puedan hoy ya proponerse, mientras la praxis misma persevera con gran fuerza (…), nos advierte de que nos hallamos, no ante razonamientos simplemente humanos, sino ante el deseo de la Iglesia de no ser infiel a los actos salvíficos que la han generado y que no se derivan de pensamientos humanos sino de la propia actuación de Dios.
He aquí, orgullosamente desnudo, el verdadero esquema mental de los creyentes. Si el razonamiento no sirve en último extremo, es que no sirve en absoluto: no es más que una concesión a las maneras del mundo, un gesto blando y civilizado que permite pasar una tarde en educada charla con no creyentes.

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Monday, May 24, 2004

El reaccionario ineludible (I)

Isaiah Berlin lo considera una influencia determinante en Tolstoi y su visión de la Historia; Cioran le dedica un ensayo de enconada admiración (en cuyas solapas aprendo que Baudelaire lo tenía por el más grande), Calasso hace pivotar sobre su voz gran parte de la visionaria Ruina de Kasch... No paraba de toparme, en autores que para mí son importantes, con referencias entusiastas a Joseph de Maistre, furibundo propagandista antirrevolucionario, así que este verano, en cuanto el azar me las puso por delante, me compré Las veladas de San Petersburgo.

Algunos libros viven en una atmósfera particular y única, impregnados de cierta luz que les es propia: las Veladas no pueden separarse de la luz horizontal y exhausta de los interminables atardeceres bálticos, esa claridad afelpada que pone en la superficie del agua una quieta vibración y arranca brillos tenues de los servicios de té y los samovares de plata antigua.

En una terraza al borde del Neva, bañados en esa luz que confiere a sus rostros un decoro de ultratumba, tres personajes deciden pasar esas noches en que casi no anochece discutiendo de metafísica; sus discursos sonámbulos se entrecuzarán hasta confundirse en una corriente sin principio ni fin donde la voz del autor entra y sale, encarnándose por turnos en cada uno de ellos.

Sí, es muy difícil no sucumbir al encanto de este librito. Y sin embargo ahí está, marcado por la página treinta, de la que no pude pasar. Se habla de la providencia, de cómo el mundo está ordenado por la mano de Dios. Prueba de ello: la justicia humana, trasunto de la divina. ¿Por qué entonces las injusticias? "Así como es muy posible que nos equivoquemos cuando acusamos a la justicia humana de salvar a un culpable, porque miremos como tal a uno que en realidad no lo sea, así es también igualmente posible que un hombre llevado al patíbulo por un delito que no haya ejecutado, lo haya merecido realmente por otro crimen absolutamente ignorado". Y tan fresco; se queda tan fresco. ¿La enfermedad? "Se deduce de la analogía entre las enfermedades y los crímenes que el señor para hacer comprender a los hombres su misión divina, encendió volcanes e hizo caer el rayo". No tardé en tirar el libro contra la pared.

Puedo soportarlo cuando se pone irritante, malévolo, atrabiliario. Es más, me gusta; no soy de los que acuden a los libros para que les den la razón. Pero ese tipo de afirmaciones me agrede a un nivel demasiado profundo para andarme con tolerancias (me ha pasado también, a veces, con Nietzche). Resurge (incontestada, incontestable) la pregunta: ¿cómo se puede ser católico e inteligente a la vez? ¿Cómo hacen para que no salten todos los detectores ante esos intragables argumentos? Sería cómodo, dado que el catolicismo es un hecho, descartar la inteligencia. Pero la inteligencia, como la belleza, es tan imposible de fingir como de ocultar: de Maistre la tiene, y en grado superlativo.

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Sunday, May 23, 2004

Más sobre la Caída

George Steiner, en una entrevista (hay que tener las fuentes absolutamente asimiladas, el discurso construido con la naturalidad con que crece un árbol y las ideas a flor de boca para responder así en una entrevista de prensa).

"El pecado original sigue existiendo bajo otras máscaras, más poderoso que nunca. En psicoanálisis, es la muerte del padre. Freud jamás explicó cómo ocurrió, y sin embargo constituye el axioma del psicoanálisis. Desde entonces vivimos en situación de pecado. En alguien a quien admiro profundamente, Claude Lévi-Strauss, hubo un crimen, el de Prometeo, que marcó el paso de la naturaleza a la cultura, crimen irreparable del momento en que el hombre dominó el fuego y rompió sus lazos con lo orgánico. En Marx, una página trascendental en los manuscritos de 1848 dice: Hubo un tiempo en que lo que se intercambiaba no era dinero por dinero, sino amor por amor, confianza por confianza. ¿Qué ocurrió luego? Marx no dice ni el día ni la hora en que la rueda dio un giro, condenando al hombre a lo que él llama la muela de la Historia. Allí donde se mira, uno encuentra siempre el mismo mito –si de un mito de trata- que adopta formas racionales e incluso modernistas. En cuanto a mí, casi prefiero el misterio del pecado: ser es un acto de agresión. El ser del hombre es, como se dice en francés, un estado de excepción, una excepción bíblica donde ser, que es poner en cuestión, es nuestra infinita grandeza."

Friday, May 21, 2004

Botín

Hoy, por fin, después de más de un año de paciente acecho, me he hecho con ella. Estaba marcada a 88 euros y me la he llevado por 19. Es de una seda marrón oscura muy texturada, con una trama casi invisible de cuadraditos cruzados por la diagonal y con un minúsculo círculo en el centro de cada uno (lo que le da ese aspecto rico, de granulado confuso pero geométrico, marca de la casa), y el estampado es de pequeños topos al tresbolillo en azul celeste que a su vez están horadados dejando ver el fondo (pero no en el centro: uno un poco más arriba y otro un poco más abajo, alternando). Como los lunares en las plumas de pavo real. Una belleza.

No lo puedo evitar, me pierden las corbatas de Armani.

(También he comprado calcetines a rayas, pero este es un blog serio, no pretenderán que me ponga a hablar de calcetines).

Wednesday, May 19, 2004

Monarquía

Siempre me han interesado los mundos autosuficientes, hipercodificados, densos de percepciones que se vuelven tanto más sutiles y discriminadoras cuanto más se apartan del mundo real. Me gustan, aunque no participe de ellos o me quede mirando desde una distancia escéptica, los rituales que hacen reverberar cada gesto de significaciones heredadas, las ceremonias en que el público, poseedor de las claves simbólicas y poseído del entusiasmo sañudo de los creyentes, adquiere tanto protagonismo como los oficiantes, las polémicas incomprensibles para el espectador ajeno: la Semana Santa de mi tierra, la alta costura, los toros, la ópera italiana... pero también (no hay diferencias sustanciales, sólo de calidad, y aun eso encontraremos siempre quien lo discuta) los tatuajes, los tebeos de Marvel, el tuneado de coches, el body building.

La monarquía de hoy es uno de esos mundos: no se refiere más que a sí misma, desencadena asociaciones de incontrolable carga sentimental, obedece a una casuística exasperadamente minuciosa y carece absolutamente -ni todos los hombres del rey con todos sus caballos me harán creer lo contrario- de contenido real (en el sentido en que, por ejemplo, la religión sí lo tiene).

¿Por qué entonces me resulta tan irritante? Seguramente porque es oficial, porque se nos hace partícipes a todos por Ley, porque la afición monárquica, en lugar de disfrutarse en círculos privados, cobra una inevitable dimensión pública. De hecho, y por la misma razón, el fútbol, al invadir cada vez más parcelas de nuestra vida nacional, se ha convertido en un asunto insoportable que tolero poque estoy envenenado, pero cuya prohibición apoyaría sin dudarlo.

A una monarquía en el exilio, o recluida en una corte privada de fieles enajenados, podría mirarla con simpatía. Al fin y al cabo las expresiones de hinchada gravedad, la histérica atribución de trascendencia a nimiedades protocolarias, el rasgarse las vestiduras por transgresiones inapreciables al no iniciado no son muy diferentes de las que oigo cada año a los cofrades, como tampoco lo son las admiraciones rendidas, los apriorismos, la irracionalidad en las lealtades. Y las insostenibles contradicciones internas no tendrían la menor importancia, como no la tienen en el Rocío.

También se podía sobrellevar sin esfuerzo la monarquía de perfil bajo, casi invisible que se había establecido. Pero en la situación actual no hay forma de distanciarse de unos asuntos cuya ridiculez rezuma e impregna a toda la sociedad, casi obligada a tomar partido a favor o en contra de la supuesta herejía, como si ello importara fuera de la secta. Y aunque el celo del bando purista, con su alejamiento alucinado de la realidad, está alcanzando cumbres de comicidad irrepetibles (es delicioso verlos aborrecer no ya a los protagonistas en nombre de la institución, sino incluso a ésta en aras de las normas inviolables), lo cierto es que en casos como éste se impone la guillotina.

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Monday, May 17, 2004

Épica

Ya en su nacimiento se observaron señales, inequívocas en su sentido general si bien poco precisas de contornos, de que estaría llamado a grandes cosas. Tras una infancia de hazañas más musculares que heroicas, adecuadas para establecer los cimientos de una leyenda pero susceptibles de ser vueltas en su contra caso de monumental pifia o blasfema insolencia futuras, hubo de cruzar, apenas franqueada la adolescencia, océanos lejanos para redondear la hazaña definitiva, marmórea, inasequible a interpretaciones que habría de confirmar las esperanzas de conciudadanos y parientes. En el camino quedaron monstruos convenientemente muertos, clérigos rescatados, doncellas impecablemente raptadas y privadas de su flor con precisión quirúrgica, jalones que iban siendo transmitidos con puntualidad y encajados en el lugar justo, sin excesivos relieves ni rebajadores matices (que en su tierra contención y mesura eran ley), por biógrafos contratados o espontáneos.

La obra en sí se dejó completar casi sin esfuerzo, con la inercia de la fruta que, madura, quiebra por el aumento infinitesimal de peso el frágil pedúnculo y se deja caer (pero qué elegancia, qué exactitud predestinada en el gesto de poner la mano y recogerla, acompañando la caída). Trono extranjero, llaves del tesoro, mano de la hermosa fueron aceptadas con la misma distraída facilidad que en otro menos tocado de la gracia se habría hecho motejar de desdeñosa o altanera.

Desde antes del viaje de vuelta (aplazado, dijeron más tarde algunos de los que siempre se apuntan a patear cadáveres, más de lo indispensable por aquel oscuro asunto del oso y el regente) se empezaron a percibir las primeras grietas. Llegaban -deslavazados, incongruentes- fragmentos de historias que hablaban de monstruos raptados, doncellas impecablemente decapitadas, clérigos privados de su flor con precisión quirúrgica. No es de extrañar, pues, que la acogida –ajustada a los cánones como fue, sobria y espléndida como sólo en su tierra natal sabían hacerlo- estuviera atravesada de una cierta ambigüedad, una vibración de fondo sólo perceptible, si se quiere, a los más sutiles, pero a la larga imposible de ignorar.

De la evolución posterior nos importa menos la forma que tomase (administrador eficaz y soñoliento de una fortuna transformada en sólidos bienes raíces, atrabiliario senador vitalicio siempre dispuesto a propinar discursos inanes, concursante tal vez en programas televisivos o pionero en negocios de improbable beneficio, financiador de aventuras llamadas al fracaso) que la constatación, inevitable y tristona, de que longevidad y épica son difícilmente compatibles.

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Wednesday, May 12, 2004

Un sevillano en Vigo

El otro día, conferencia de Guillermo Vázquez Consuegra sobre sus últimas obras en frentes marinos. Me quedo (nos quedamos todos) impresionado con su trabajo en Vigo, una operación a base de gestos poco llamativos, de esas que en plano no dicen mucho pero convencen y seducen en la realidad material (que es el único lugar donde la arquitectura existe).

En uno de los extremos (Plaza de la Estrella) coloca un volumen que casi no es un edificio, apenas un par de quiebros para acompañar y absorber la herida que provoca la embocadura del túnel. Esta pieza, en la voluntad de marcar una visual hacia el paseo, le proporciona la excusa para jugar la arriesgadísima carta formal de los ángulos muy agudos, resuelta con naturalidad pasmosa.

En el otro, el paseo simplemente se pliega en una loma-mirador que cobija un edificio escondido. En medio: poco volumen, soluciones sencillas e ingeniosas para las instalaciones que asoman del subterráneo, atención a las texturas y los colores del lugar. Camelias, sauces, unos preciosos caminos de losas, pérgolas cuya elegancia consiste en dejarse ocultar por la vegetación, y sobre todo el fantástico granito local, en despieces estudiados con encarnizada precisión.

Aparte de la admiración y las lecciones profesionales, intento sacar conclusiones aplicables a nuestro Plan del Puerto:

-Que la mirada del forastero casi siempre ve las cosas con más claridad por llegar libre de prejuicios y apegos. No hablo sólo de una certeza expeditiva en los planteamientos que está vedada al lugareño; creo incluso que G.V.C. ha sido más sensible a la luz y la atmósfera gallegas de lo que lo habría sido un gallego.

-Que aquí ha habido una apuesta por la arquitectura de calidad, que el ámbito completo lo ha controlado un sólo profesional con apoyo político firme y que se ha hecho desde la ciudad, sin que el puerto pueda permitirse marcar las pautas fuera de lo suyo propio. Tres condiciones que en Málaga han faltado y van a faltar. Y se nota.

-Que si Vigo puede hacer dos kilómetros de túnel junto al mar, no hay ninguna razón para que Málaga, quinta ciudad del país y cabeza del boom inmobiliario, no pueda plantearse soterrar el Paseo de los Curas. Es francamente ridículo.

-Que nuestro trabajo no debería ser otro que localizar a los buenos, contratarlos y dejarlos trabajar. Es socorrido echarles la culpa a los políticos, pero tal vez no se ha sabido transmitir eso desde abajo, tal vez nadie ha sido capaz de renunciar a meter baza. Sigo pensando que no es tarde, pero el hecho es que la ciudad no está preparada para un borrón y cuenta nueva después de tanta espera, así que seguiremos adelante con la chapuza.

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Monday, May 10, 2004

Retocando

Tomo prestados estos versos de Emily Dickinson de La Hormiga ReMolona. Retocando ligeramente el último queda una cosa inquietante que valdría de lema para esta casa aérea:

I’m nobody! Who are you?
Are you nobody, too?
Then there’s a pair of us —don’t tell!
They’d banish us, you know.

How dreary to be somebody!
How public, like a frog
To tell your name the livelong day
to a half-hidden blog!

Sunday, May 09, 2004

In memoriam

Cuando se mudó a Nervión y fue a misa por primera vez en la nueva parroquia, le pareció que las señoras iban muy elegantes; se volvió a casa a por un bolso (que nunca usaba), y se lo puso vacío bajo el brazo. Le dieron un tirón desde una moto y casi le parten una pierna. Sus hijas la querían matar, pero yo no podía dejar de reirme.

Con 91 años tenía intacta su melena pelirroja (nunca fue alta, y con la mengua le acabó llegando hasta los pies), que se recogía cada mañana con una redecilla en una especie de tocado voluminoso. Aunque no tenía ni una cana se echaba tinte, para oscurecérselo: nunca le gustó ese color tan escandaloso. Tenía sus propias, estrafalarias recetas de belleza: se echaba café en las piernas y yogur en la cara. No soportaba que la llamaran Marcelina: en las tarjetas que se hizo imprimir ponía Marce.

Votaba a Suárez para que no volviera la guerra civil. Odiaba a Teresa Campos, a Alfonso Guerra (la bofetá, como me lo cruce nadie lo libra de la bofetá…), a los basureros municipales, a los chinos (son muy misteriosos). Un día, no hace mucho, me confesó que no soportaba Sevilla ni a los sevillanos.

Era capaz de encontrar el lado peor de todas las cosas y personas. Una vez la escuché hablar de mí y de mi madre –su hija- creyendo que no la oía: ante tanta bilis concentrada acabé por echarme a llorar. Uno no se pelea con su abuela, pero yo con ella me dejé de hablar varias veces. A partir de cierta edad es difícil buscar alicientes para seguir adelante; hay quien tira del cariño a la familia, quien se refugia en el beaterío ("ella de religión ha ido siempre muy cortita", se quejaba una de mis tías hace poco) pero ella sacó fuerzas de la mala leche. Tal vez no fuera siempre así: perder un hijo de treinta años es algo de lo que uno no se recupera nunca. Ella siguió adelante, pero quedó muy tocada. Sería injusto decir que fue una mala persona, es sólo que se le secaron los afectos.

El vecino odiado –lo llamaba Mobutu, vaya a saber por qué- vino a dar el pésame, todo humilde y contrito. Recordando los desplantes que llegó a hacerle (él le sujetaba la puerta y ella le volvía la cara, una vez le prohibió que hablara con sus hijas en la calle), mis primos y yo no podíamos parar de reírnos. En realidad a las tres cuartas partes de los que fueron a la misa los habría echado a patadas, de haber estado presente.

La penúltima vez que fui a verla hablamos de fútbol (era bética desde chiquitita, y escuchaba todas las noches el Larguero); le dije mal el resultado del Sevilla y se calló, pero media hora después me puso el periódico en las narices: "¿ves? 2-1, no 1-0". Al irme me elogió mucho la chaqueta que llevaba. Poco después llegaba mi hermana, y le dijo lo elegante que yo iba, pero inmediatamente añadió: "qué mayor está, ¿no?". La vez siguiente estaba ya muriéndose, pero me gusta recordarla así.

(A uno de mis primos pequeños le encantaba hacerle preguntas. Un día le pidió una visión general: "¿Cómo es la vida, abuela?" "Pues qué quieres que te diga: hay más oscurito que clarito").

Descansa en paz, vieja terrible.

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Wednesday, May 05, 2004

Unos y otros

Y hablando de citas inventadas... esta la he puesto esta mañana en el foro, a nombre de un inverosímil Skandrassian:

El revolucionario se apoya en una visión del futuro sesgada y voluntarista, llena de buenas intenciones e incapaz de ver lo que hay de podrido en la naturaleza humana.

El reaccionario se apoya en una visión del pasado selectiva e idealista, profundamente tramposa y ciega ante el horror interminable que nos precede.

¿Sería entonces el conservador, el defensor del presente como mal menor, el único sensato? No, desde luego; el conservador se apoya en una visión del presente sesgada y selectiva que básicamente consiste en ponderar lo bien que se encuentra él.
Más hallazgos

Descubrir las mismas cosas que uno anda desbrozando en las páginas de aquellos que admira es reconfortante, la verdad (y no, no me desalienta el hecho de que todo esté escrito; a efectos prácticos no lo está hasta que yo no lo leo). En un ensayo de Cioran sobre Joseph de Maistre, de esos que uno subrayaría enteros, encuentro esto:

Y aunque dicha teoría (la Caída) comporta numerosos puntos dudosos, existe sin embargo uno cuya importancia no puede contestarse: el que hace remontar el origen de nuestra decadencia a la separación del todo.

E inmediatamente después, citando a de Maistre:

Cuanto más examinamos el universo, más nos sentimos inclinados a pensar que el mal procede de una división que no sabemos explicar y que el retorno al bien depende de una fuerza contraria que nos empuje sin cesar hacia una unidad igualmente inconcebible.

(Esta última frase diamantina y terrible era exactamente la que necesitaba para un encabezamiento; tuve que inventarme una mucho más inane en espera de su aparición. Voy corriendo a arreglarlo).

Tuesday, May 04, 2004

Casualidades

Ayer, leyendo a Gombrich sobre los historiadores del Arte y la Cultura, y la noción generalizada entre ellos de que la Historia es un proceso ascendente:

Es bien sabido que Hegel deseaba construir estos fundamentos sobre un sistema metafísico que, según él, se había desarrollado a partir de las críticas de Kant sobre la metafísica. Pero lo que resulta más relevante para el presente contexto es más bien el retorno de Hegel a las tradiciones de la teología. (Desde luego, su teología debería ser calificada como herética.)


Y pocas horas después, Cioran, en un contexto totalmente distinto:

Atribuir al proceso histórico una significación, incluso si se la hace surgir de una lógica inmanente al devenir, es admitir, más o menos explícitamente, una forma de providencia. Bossuet, Hegel y Marx, por el hecho mismo de dar a los acontecimientos un sentido, pertenecen a una misma familia, o por lo menos no difieren esencialmente entre sí, ya que lo importante no es definir, determinar dicho sentido, sino recurrir a él, postularlo.

Soslayando la irónica puntualización que un providencialista haría sin duda (que todo, incluso una secuencia de lecturas que yo creo aleatoria, forma parte de un Plan), diré que más bien uno se encuentra lo que previamente tiene en la cabeza. Y que no puedo estar más de acuerdo con ambos ilustres escépticos: la raya no la traza la creencia en dios y la inmortalidad personal, sino la fe –que es siempre, en el fondo, previa a la construcción mental- en el Futuro.
Autobiografía

Nuestro comportamiento estaba determinado desde el primer momento por una disposición, aunque ambos lo ignorábamos; estaba determinado por unas demostraciones ridículas, primitivas y en absoluto necesarias de caballerosidad falsa y de romántica generosidad mutua. Nadie sabía lo que había en el interior, ni siquiera nosotros mismos, pero ese comportamiento interior no dependía de la voluntad.

Sandor Marai, Confesiones de un burgués

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Monday, May 03, 2004

El gurú

Hace unos días, el gurú contestó en el periódico local al magnífico artículo de M.E. que firmamos todos. Desde el arranque con elogios a su "queridísima amiga" hasta las estentóreas mayúsculas del final, todo traicionaba el orgullo herido, el resquemor de quien se ha visto alcanzado en lo más sensible. El título debía de haber sido Pero, ¿cómo se atreven?, porque no era otro el contenido; y qué ironía tan baja, tan de patio de colegio... Cada ciudad tiene los próceres que se merece, y el que este charlatán de feria sea nuestro árbitro moral y estético es un índice muy revelador.

A los cinco minutos de leerlo tenía redactada, casi por automatismo, una réplica demoledora. Después de años de batirme el cobre a diario con Jacobus, Simpson o Foster, la verdad es que el gurú me resulta bastante endeble como rival dialéctico.

Pero el hecho es que manda mucho (todavía me sorprende la veneración con que hablan de él y de su pico de oro personas que deberían tener criterio, que lo tienen de hecho en otros temas), y por lo que he podido ver es bastante soberbio y rencoroso. Me envainé la respuesta antes incluso de pedir un consejo que ya sabía en qué sentido iba a ir. Al fin y al cabo no es más que orgullo, y ahora mismo no me conviene hacerme un enemigo de ese calibre. (Además, me digo refunfuñando para convencerme, el periódico es suyo, no me la habrían publicado).

¿Es esto la madurez? Pues qué tristecillo...

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