Friday, April 30, 2004

Un precursor

He estado leyendo a Daniel Defoe, y caigo en la cuenta de lo absolutamente contemporáneo que resulta en su manera de enfrentar la tarea de escribir. Defoe es, más que escritor, un publicista; produce libros que no entran en ninguna clasificación de género porque responden simplemente a la necesidad o las ganas de poner ideas, hechos, historias, controversias reales o inventadas a la disposición del público.

La autoría, la individualidad del artista le importan poco: firma con distintos seudónimos, pone voces, deja creer (o adivinar) que escribe al dictado de otros que cuentan sus experiencias. Practica el corta y pega con candorosa naturalidad: lo mismo introduce un largo texto judicial que le parece interesante en medio de la narración, que copia capítulos enteros simplemente porque encuentra que algún otro ya lo había contado bien. Recoge informaciones aquí y allá (es un escuchador nato) y si las juzga dignas de divulgación las pone en el tablón que tiene más a mano en ese momento, cortando el ritmo del relato si es necesario. Salta de asunto como quien se cambia de calzoncillos, y la jerarquía de temas por nobleza o importancia le resulta marciana. Tiene instinto de reportero, cuenta lo que ve con precisión y distancia aunque sin renunciar a un punto de vista personalísimo que siempre reconocemos tras discretos visillos.

Se preocupa por la naturaleza y mecanismos de los flujos de información: lo mismo nos cuenta cómo ha escuchado la versión deformada de una escaramuza que acaba de protagonizar que pierde tres páginas en desenredar un fatigoso e intrascendente malentendido sobre el lugar de nacimiento del capitán pirata Charles Vane, rastreando dónde y cómo se han originado las distintas versiones.

Daniel Defoe, en un tiempo en que las noticias viajaban a caballo o en barco, es seguramente el primer blogger de la historia.

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