Wednesday, February 25, 2004

Catálogo de envidias, II

He aquí una muestra del empaque no escritor de Marcel Bénabou. Una variación en prosa sobre el tema del soneto autorreferente de Lope: aquí Violante nos pide que empecemos una novela, y el fruto es un párrafo que se va describiendo a sí mismo en su andar portentoso y soberbio. Tengo encaramado a mi hombro izquierdo un diablejo risueño y zalamero susurrándome al oído que yo podría hacer algo así; inútil preguntarse si tiene razón: ya está hecho.

Para empezar, una frase muy corta. Tan sólo media docena de palabras; palabras sencillas, las primeras que acudan a la mente, o casi. Más que nada con la función de señalar que aquí concluye un silencio. Pero justo después, sin siquiera un punto y aparte, se iniciaría una larga frase en condicional, uno de esos períodos a la antigua donde todo estaba primorosamente combinado –la selección de los verbos, la estructura lógica, el número de segmentos, la extensión y la duración de cada uno– para primero despertar y luego mantener la curiosidad del lector, para hacerle recorrer paso a paso (como a un niño que llevan de la mano por las avenidas de un jardín que visita por vez primera, como a un huésped de honor al que hacen los honores en una casa en la que jamás había penetrado) la totalidad del círculo de las oraciones sucesivas, distribuidas –en su diversidad muy eleborada- en torno a un eje único, y para por último hacerle trastabillar, a través de un laberinto de incisos y de paréntesis, con un postrer obstáculo (el más inesperado tal vez al final de semejante recorrido), una cláusula que nada concluye.

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