Thursday, February 12, 2004

Apariciones (II)

Quedamos en reseñar algunos momentos en que el escritor se asoma a su obra como figurante, a la manera de Hitchcock (sigo buscando otros para la colección).

-Borges señala o se inventa una soberbia de Platón, de un patetismo arrollador en su sobriedad:

El texto más patético de toda la filosofía, sin proponérselo, es el Fedón platónico. Ese diálogo se refiere a la última tarde de Sócrates, cuando sus amigos saben que ha llegado la nave de Delos y Sócrates beberá la cicuta ese día. Sócrates los recibe en la cárcel, sabiendo que va a ser ejecutado. Los recibe a todos menos a uno. Aquí encontramos la frase más conmovedora que Platón escribió en su vida, señalada por Max Brod. Ese pasaje dice así: Platón, creo, estaba enfermo. Hace notar Brod que es la única vez que Platón se nombra en todos sus vastos diálogos. Si Platón escribe el diálogo sin duda estuvo presente –o no estuvo, da lo mismo- y se nombra en tercera persona; en suma, se nos muestra algo inseguro de haber asistido a aquel gran momento.

Se ha conjeturado que Platón colocó esa frase para estar más libre(…)

Creo que Platón sintió la insuperable belleza literaria de decir: Platón, creo, estaba
enfermo.
-Kurt Vonnegut Jr., inimitable y genial, en Matadero 5:

Billy miró dentro de las letrinas y comprobó que los lamentos procedían de allí. El lugar estaba lleno de americanos con los pantalones bajados. El festín de bienvenida los había transformado en volcanes. Los cubos estaban llenos e incluso rebosaban.

Un americano que estaba cerca de Billy se lamentaba de que lo había defecado todo menos el cerebro. Momentos después decía: ‘¡Ahí va!, ¡ahí va!’ refiriéndose al cerebro.

Este era yo. Este era yo en persona. El autor de este libro.
-De una sutileza inimitable, exasperantemente bella como todo en el país de Nabokov, esta presencia fugaz al final de Rey, Dama, Valet. La novela es de juventud pero al traducirla al inglés la sometió a una intensa reescritura. Este pasaje tiene que ser añadido, me juego un brazo si hace falta:

La chica extranjera del vestido azul bailaba con un hombre muy apuesto, cuyo smoking era de corte anticuado. Franz llevaba algún tiempo fijándose en la pareja; se le habían aparecido en fugaces atisbos, como una imagen de un sueño que se repite o como un sutil leitmotiv: ya en la playa, ya en el café, ya en el paseo. A veces, el hombre llevaba una red de cazar mariposas. La boca de la chica estaba delicadamente pintada y sus ojos eran de un tierno gris azulado; su novio, o marido, esbelto, con una distinguida calvicie incipiente, desdeñoso de todo el mundo excepto de ella, la miraba con orgullo. (…) Los dos pasaron junto a él. Hablaban en voz alta. El idioma que hablaban era completamente incomprensible.

¿Sólo un guiño? Tal vez, pero maravilloso.

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