Monday, January 26, 2004

A modo de introducción.-

No sabría decir del todo qué va a ser este blog; por ahora lo más que puedo es acotarlo en negativo.

No será un diario íntimo: por un lado, soy demasiado pudoroso para eso; por otro, si intento ponerme en el lugar del lector imagino perfectamente el embarazo, el fingido interés, el tedio infinito que despiertan siempre las confesiones.

(Claro que si K se hubiera puesto en el lugar del lector no habría escrito una línea; o mejor, cuando K se puso en el lugar del lector ordenó a Brod que lo quemara todo: pero yo no soy K y esas son reflexiones para otro día –queda como ejercicio para el lector-fiscal detectar hasta que punto una objeción destruye a la otra).

No quiere ser un producto elaborado: el autor tratará de respetar ciertas leyes no escritas según las cuales no es del todo lícito demorarse con los textos más allá de un día (digamos un par), ni planificar la sucesión, ni guardar como hormiguita para los días de escasez.

Pero tampoco será de una espontaneidad desbordante: un autor espontáneo es más terrible aún que uno sincero. De hecho si hay que elegir entre esos dos extremos tenderemos más, por decirlo al modo de Galiano, al artefacto que a la excrecencia. Es decir, que saltándonos las leyes que para eso fueron no-escritas, editaremos semanas después si no nos suena bien una frase o procuraremos, como sin darnos cuenta, alternar piezas de distinto peso y estilo en aras del conjunto que dijimos no considerar.

(¿Y ese nos? ¿de dónde ha salido? No tengo –tenemos- arreglo...)

¿Habrá material de acarreo? Sí, aunque espero que no sea el cuerpo principal. Copiaré cosas que tengo dispersas, para reunirlas y para hacer bulto. No tengo claro si traer intervenciones en los foros: en principio no es la idea, fueron parte de conversaciones y están en su sitio. Pero por otro lado he perdido ya en cataclismos informáticos y mudanzas demasiadas que me habría gustado conservar, así que no me cortaré de copiar lo que me parezca oportuno.

¿Habrá citas? Sin duda habrá citas. Las palabras ajenas que decidimos anotar y recordar nos definen, creo, mejor que las que seamos capaces de juntar nosotros mismos, torpes y empeñados. Si no se encuentra el lector estas páginas tan tapizadas de clásicos como las de Montaigne –que pueden transitarse de principio a fin sin pisar, por así decirlo, suelo francés- será simplemente por falta (mía) de memoria y recursos, no por prudencia ni afán de originalidad.


Eso sí, debido a mi irremediable carencia de sistemática o cuadernos, la mayoría de mis citas tendrán el aire impreciso de ésta, que viene sin duda al pelo: tenía razón aquel que (citado por Steiner o Calasso) declaró que era su máxima aspiración escribir un libro sólo de citas.

Empiezo, pues, poniéndome, ya que ha salido a relucir, bajo el amparo del hosco, poltrón y humanísimo Señor de la Montaña. Si estos cuadernos lograsen recordárselo de lejos a algún lector me daría por más que contento.

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